El novenario de Fidel


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 Llegué a pensar que era paranoia eso de cerrar las ventanas, asegurarse de que no los vean animados en el balcón, tantas precauciones para darse un abrazo lento, casi teatral, y repetir en susurros: asere, se murió El Caballo, murió Fidel. En el caserón de la Habana Vieja en el que cenamos no hay televisor. El sms con la noticia los ha descolocado, llaman a familiares para que confirmen si esta vez es cierto, para saber si vieron a su hermano, el presidente Raúl Castro, anunciarlo en pantalla.

Esa, la noche del 25 de noviembre de 2016 la banda colombiana Aterciopelados se sube al escenario con la emoción de su primera vez en la isla. Maligno es el tema que canta Andrea Echeverry cuando alguien, de la organización del Festival Patria Grande, irrumpe en el escenario, da la noticia y suspende el concierto. En el video colgado en YouTube se oyen gritos: ¡nooooo!, ¡coño!, ¡Andrea! ¡Andrea!, por favor, un minuto de silencio. ¡Viva Fidel!

Antes de medianoche en La Habana Vieja no quedan ni los que ofrecen tarjetas o internet compartido por uno, dos o tres CUC (el dólar cubano). En el Malecón y en el Vedado, jóvenes ya en tragos se quejan porque los sacaron de bares y discotecas, bromean, o comparten su congoja con los que piensan igual. La oscuridad es la camarada que les permite expresarse a los que no están tristes.

Leanci Requejo Lorite es de los que no se contiene aquella madrugada, publica en Facebook que se siente triste porque murió quien le pagaba su salario mensual de no más de 500 pesos cubanos (20 dólares), que se fue debiéndole. Cierra el comentario con furiosos y risueños emoticones. Dos días pasan para que lo echen de su lugar de trabajo, el Museo Nacional de Bellas Artes.

 

Off Habana

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Amanece soleado, pero hay un ambiente enrarecido. Es inevitable pensar si ya lo están cremando. El Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, no sale hasta el mediodía, pues la edición especial la cierran a las seis de la mañana de ese sábado. En manos de los revendedores ya no cuesta 25 centavos, se vende a un peso y hay que hacer cola. En primera plana se lee que el Consejo de Estado declara nueve días de duelo, deben cesar los espectáculos públicos, la enseña nacional ondear a media asta y la radio y la televisión mantener “una programación informativa, patriótica e histórica”

De las tiendas se retiran las bebidas alcohólicas. Tomo un callejón de la desvencijada Habana, me advierten que mire por donde camino porque son frecuentes los derrumbes. En un caserón, una mujer exclama ¡Pobre Plácido Domingo! Se refiere al concierto planeado para esa noche en el Gran Teatro Alicia Alonso. Presentación a la que el ciudadano común no tenía acceso. Más de 500 entradas eran para los invitados internacionales del tenor y las mil restantes para las del régimen.

El domingo, Alexis Montes de Oca, de 29 años, camina por el Paseo del Prado. Me cuenta que nació en una familia fidelista, martiana y marxista, “para mí ser un ser humano era ser como Fidel”. A los 15 años enfrentó la muerte de su padre, su hermana se hizo ingeniera y le tocó trabajar por un sueldo que no cubría las necesidades del hogar, es cuando se pregunta ¿por qué mi familia no prospera?, se da cuenta que hay formas más rápidas de hacer dinero. Alexis dice que Fidel ha estado presente en todos los lugares, pensar que está muerto le choca. En su negación hay algo más, el recuerdo de su padre está ligado a Fidel. “Salí de casa porque no soportaba más, ¡estoy buscando lo que queda de mi padre!”

 

 Los turistas

Por las calles hay turistas frustrados, unos dicen que sin música y sin alcohol La Habana es un viejo cascarón. No se puede ir al cine, a los museos y hasta al cañonazo de las nueve se les impide asistir.

Danielle Pouget y Jean Pierre Molichier son una pareja de franceses que extrañan el ron y la salsa, pero que entienden el momento histórico que se vive y se co9nsideran privilegiados. Llegaron a la isla el 14 de noviembre sintiéndose próximos a las ideas de la Revolución Cubana. Ya no piensan igual. “Estuvimos en una casa particular y eran más ricos que otros. La gente no tiene libertad, no pueden salir, conocimos de la libreta de abastecimiento. Comprendemos y respetamos el duelo cubano, pensamos que Fidel fue, en todo caso, mejor que Batista”.

Sin las luces de los bares, La Habana Vieja es más oscura que de costumbre. Una de esas noches un vendedor de libros accede a mostrarme por dentro el ex hotel Monserrate (calles Monserrate y Obrapía). Al edificio descrito en la novela Antes que Anochezca, de Reinaldo Arenas, le queda su aspecto de miseria. Subimos por las escaleras porque el elevador lleva décadas dañado. Mi guía se detiene en el segundo piso, en la puerta 209. Allí vivió el escritor que admiro. En este lugar no hay ningún letrero que indique que fue su morada. En toda Cuba no hay rótulos para reconstruir las rutas de este famoso autor que el castrismo encarceló bajo los cargos de homosexual y contrarrevolucionario.

La programación

 En Cuba todos los medios de comunicación están en manos del poder, la población ve los mismos noticieros, el acceso a internet es limitado, para alejarse de esa única voz y entretenerse, el mercado clandestino ofrece el denominado Paquete, se trata de una colección de películas, series, telenovelas, documentales, aplicaciones. Cuesta entre 10 y 20 pesos cubanos. Hay quienes lo compran por partes.

Fidel ha muerto y al régimen le parece que no es correcto decir en televisión, buenos días, buenas tardes, buenas noches. Antes del noticiario de la una, del 28 de noviembre, Froilán Arencibia y Mariuska Díaz, presentadores de Televisión Cubana,  discuten la prohibición. Él dice que pase lo que pase en todas partes del mundo se saluda, y ella califica la medida de extremista, dice que es una   grosería con el público. Igual ensaya una forma salomónica de empezar: “saludos, con ustedes la emisión del mediodía”. No saben que los están grabando y que luego serán los protagonistas de un nuevo video viral en YouTube.

Durante el duelo, encender el televisor es llenarse de imágenes,  discursos y consignas que anclan al pasado; a los grandes muertos, a viejas glorias: el asalto fallido al cuartel Moncada, la hazaña del Granma, la entrada triunfal de los barbudos en La Habana. En ningún acto, en ninguna entrevista se habla claro del presente y del futuro de la isla. En esas circunstancias Telesur no es siquiera una opción, pues sigue el mismo libreto de la TV Cubana.

Firmas y juramento

 En las inmediaciones de la Plaza de la Revolución, el lunes y el martes, miles de ciudadanos soportan entre cuatro y cinco horas de sol para llegar al Memorial José Martí. Subo con un grupo de colegas antes del mediodía del 28 de noviembre. Encuentro que hay tres salas para los homenajes, en cada una hay flores, medallas, una fotografía y el fragmento de un discurso de Fidel sobre lo que significa la revolución. De fondo se escucha Yo me muero como viví, tema que Silvio Rodríguez le dedicó. Colegiales pasan delante del retrato anteponiendo sus celulares, unos con curiosidad y cierta emoción, la mayoría con indiferencia.

En lugar de un libro de condolencias, los cubanos  juran lealtad al suscribir voluntariamente el texto exhibido: ”Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional”.

Para la firma el Gobierno dispone 1060 puntos, en escuelas, hospitales, centros de trabajo, en los cuales hacerlo resulta más rápido y cómodo que en el Memorial. Posteriormente, se anuncia el logro de más 3 millones 445 mil firmantes, en las 16 provincias de la isla.

Boris Rodríguez (nombre protegido), un padre de familia, califica al juramento de “pura muela”. Recuerda que ya en el 2002 el pueblo suscribió una supuesta iniciativa ciudadana para reformar la Constitución y es cuando se establece que el sistema político,  social y revolucionario es irrevocable, que Cuba no volverá jamás al Capitalismo, que “todos los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución” (art.3).

“Me resistí todo lo que pude, pero cada día de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) llegaban a la casa, mi familia estaba asustada, terminé firmando para que no me señalen”, relata Boris. De esa manera se frenó el Proyecto Varela, que pretendía convertir en leyes el derecho a la libertad de expresión, de prensa, de asociación y de empresa. Se buscaba además una amnistía para presos políticos, y nuevas elecciones. Esta iniciativa audaz se amparaba en la Constitución de 1976 que consagraba el derecho de los ciudadanos a proponer cambios en las leyes.

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 Las cenizas

En las escalinatas de la Universidad de La Habana los estudiantes hacen guardia de honor al más insigne de los graduados. Jenny Lascano, docente, narra que fue emocionante ir con la comunidad universitaria hasta el Memorial y estar ante las cenizas. ¿Cuál ceniza? Le digo que solo había una fotografía en cada sala. Me mira con cierta condescendencia: “Sí estaban, allí estaban”.

El martes paso por el Tribunal Provincial de Justicia de La Habana donde los funcionarios también se turnan para la guardia de honor. Dicen que ya firmaron y que también fueron a honrar las cenizas.

-Pero, las cenizas no están allí, les aseguro.

-Es que hay tres salas.

-Estuve en las tres y no vi urnas.

-Usted no vio bien, las cenizas están ahí, recuérdelo.

La noche que Raúl Castro anunció la muerte de Fidel dijo que la cremación sería el sábado.  Posteriormente, la Comisión Organizadora de los Funerales, informó que se abriría el Memorial para que el pueblo pueda rendirle homenaje. Miles asumieron que las cenizas estaban allí y hasta diarios internacionales lo decían en sus portales.

El 29 de noviembre me dirijo hacia la Plaza de la Revolución en donde se prepara un acto de masas. En el Vedado, compro un Granma y veo una foto de Raúl Castro, junto a los altos mandos del gobierno y del Partido Comunista de la isla, cuadrándose ante una urna. La nota indica que las cenizas están en el edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).  Dada la hostilidad experimentada en esos días, es  un colaborador cubano quien se acerca a un grupo de militares y les pregunta cuál de los edificios que se ven al fondo es el de las FAR. Se ponen pensativos, nos miran con desconfianza y al final dicen que no saben.

El cortejo con las cenizas sale, del Ministerio de Defensa, la mañana del 30 de abril rumbo a Santiago. Se imita así a la inversa la “Caravana de la Libertad”, que encabezó Fidel con el triunfo de la Revolución en enero de 1959.

Santiago

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En Santiago escojo el sector de la Plaza de Marte para esperar el arribo de las cenizas. Un niño vestido de verde olivo y con un fusil de juguete es el centro de atención. Una reportera de Teleturquino lo muestra a la cámara. Le pregunta ¿quién es Fidel?, la madre anima al chiquillo y él como si de una lección se tratase responde: Fidel es nuestro padre.

-¿Y qué hizo Fidel?, vuelve la reportera.

– Asaltó al cuartel Moncada.

Boris  dice que en la primaria también creía que Fidel era ese padre que los defendía de un opresor que estaba solo a 90 millas, era mejor que Superman porque hasta lo entrevistaban en la Tv. Pero que su visión empezó a cambiar a sus diez años, al notar que en su familia se hablaba bajito cuando conversaban sobre las fallas del gobierno. “Yo no entendía por qué a un hombre que se suponía tan bueno, había que temerle”.

En los 90, en plena pelea por la repatriación del balserito Elián González, Fidel dijo en Estados Unidos que “destruir la mente de un niño, cambiándosela totalmente para fines bochornosos de propaganda, es peor que la muerte física”.

Boris tiene una hija de cinco años y le molesta que el exitoso sistema educativo la adoctrine. El 25 de diciembre, a un mes de la muerte de Fidel, ella le dice que por nada le vaya a decir a la señorita del círculo (jardín) que ha bailado en Navidad.

-¿Y eso por qué?

– Es que nos dijeron que nos portáramos bien, que no se debe bailar. Papá, murió Fidel.

Esta crónica se publicó en la revista Mundo Diners, con el título La noche en que murió Fidel.

 

 

 

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La Venus de los trapos en Cuba


La venus de los trapos

Hoy hace un año que fui al Museo Nacional de Bellas Artes (Cuba).  Recuerdo que las personas encargadas de seguridad indicaron que había salas a las que no se podía acceder porque se estaba preparando el lugar para una exposición.  En un momento en el que me dirigía al ascensor vi a un par de mujeres guardias que hurgaba entre montones de ropa que estaban en el piso, llegué a pensar que se trataba de un curioso árbol de Navidad de trapos.  Las mujeres se medían rápidamente las piezas por encima de sus uniformes, no había tiempo para más.

Al día siguiente, un pintor me preguntó si iba a la apertura de la exposición del italiano Michelangelo Pistoletto, un referente del arte Povera, que se caracteriza por utilizar materiales humildes, no industriales, que a medida que se deterioran transforman la obra. Esa y la llegada de Plácido Domingo, para un concierto al cual el pueblo no estaba invitado, eran las noticias culturales que se escuchaban por toda La Habana Vieja.

Fui al Museo justo cuando Pistoletto arribaba empujando entre varios una esfera de periódicos prensados, se trataba de una performance, realizada por vez primera en 1966, también calificada de Walking Sculpture (Escultura de paseo). Pero en aquel 25 de noviembre de 2016 estaba elaborada de ejemplares del Granma y Juventud Rebelde. En el Museo la bola fue encerrada en unas estructuras de hierro, no pocos vieron en esto la interpretación de una prensa encarcelada.

En la inauguración, Pistoletto recordó que la vez que estuvo en Cuba con la propuesta del Tercer Paraíso, que es una transformación del símbolo matemático del infinito, una propuesta para cambiar la sustancia social desde el arte, en la que se abrazan la responsabilidad individual  y colectiva, ocurrió el anuncio de que Cuba y Estados Unidos restablecerían relaciones. Puntualizó que eso es algo que lo marcó, como un guiño cósmico.

Ya en la expo pude ver que al lado de los montones de ropa estaba blanquísima la Venus, se completaba la instalación.  Este montaje de Pistoletto data de 1967, inicialmente la expuso por primera vez en el patio de vecinos, así acercaba el arte al vulgo y se alejaba del lugar convencional de exposición.  Viéndola allí, clásica y vulgar a merced de los flashes, recordaba el día anterior en que, en su ausencia, las venus de La Habana buscaron algo con que cubrir sus cuerpos para cuando se sacaran el uniforme. Y desde entonces no la vi como una instalación, sino como otra pieza de performance, tan movida, tan expresiva, como la bola de periódicos.

Horas más tarde, en la sobremesa de una cena manabita, hablábamos de Pistoletto y lo que había dicho sobre Cuba como punto de partida para cambiar el mundo, y del impacto que se llevó cuando vivió junto al pueblo cubano el anuncio de retomar relaciones con Estados Unidos. En eso estábamos cuando la noticia de la muerte de Fidel Castro fue el cañonazo que silenció a La Habana. Hasta hoy me pregunto qué cara habrá puesto Pistoletto.

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Machete al machismo manaba


 

“El hombre como experiencia
dos cosas debe tener
una moza en cada pueblo
y en la casa a su mujer”
                                   Amorfino manabita

A veces me vienen recuerdos de las cosas que escuché de niña, por allá en los 90, por allá en Membrillal, un pueblo de Jipijapa donde aún se doblan campanas para anunciar a los muertos.  Me decían que cuando una sale a baile debe bailar con todo aquel que la saque, porque al dejar con la mano estirada te podían pegar un puñete.  En caso de golpe, “merecido lo tenía la  china, por desairar”.  Para ser bien mujercita había que lograr cierta pericia en todos los oficios caseros y en algunas tareas del campo, porque así como te podían pedir en matrimonio (el ideal), podían devolverte por no desempeñarte bien. Y todo esto era “normal”.

También veían normal que un hombre se robe a una mujer, la explicación luego sería que le puso sígueme sígueme; una poción capaz de subyugar a la más chúcara, sí, en el lenguaje fácilmente una mujer deviene en potra.  La memoria me trae hoy a La Lucha, así le decíamos en la escuela a una compañera que se fugó. Decían que sus padres querían comprometerla con un viejo de plata.

Milton Ángel Murillo, nuevo presidente de los cachudos

Milton Murillo, nuevo presidente de la Federación Nacional de Cachudos, bebe afuera de la casa en la que vivió Ramoncito, en Rocafuerte. Cuenta que seguirán con el club.

La casa de los cachos

Ramón Mendoza, carnicero, se convirtió en personaje y su casa en parada turística cuando colgó unos cuernos de vaca para simbolizar la infidelidad de la que decía fue víctima. El relato que repitió durante 20 años, en el sitio San Eloy de Rocafuerte, y que los medios difundieron sin ponerlo en duda, fue que encontró a su esposa  en la cama con un amigo. En lugares como este se repudia la traición cuando quien la comete es una mujer, lo contrario vendría a ser “normal”,  y para el hombre es un estigma.

Ramoncito, diminutivo que me hace preguntar si se lo decían por cariño o por la minimización que implica en una cultura machista como la manabita el haberse declarado cornudo, convirtió a su casa en un club en el que no faltaba el aguardiente. Con el tiempo fueron llegando más cuernos  que se colgaban en las paredes con leyendas como “sin cachos no hay paraíso, “un hogar sin cachos es como un jardín sin flores”, estos  se identificaban con los nombres de quienes pasaban a afiliarse al club, se dice que hay más de 300 socios, del país y hasta extranjeros.  Su historia se cuenta en varias notas de prensa y aunque se aseguraba que el lugar era un sitio de terapia para cornudos, esto tenía mucho más de joda, y mito que de realidad. Lo cierto es que ni el diagnóstico de cirrosis hizo que Ramoncito dejara la bebida. Murió el 16 de mayo, a los 64 años, en su convalecencia apenas era socorrido, de vez en cuando, por su madre, de 82 años.   Tras el entierro, no tuvo el tradicional novenario. No había quién haga, dicen los amigos.  La exesposa prefiere el silencio, la paz.  La agrupación popular  Líder y su piano mágico cuenta en dos canciones las versiones de la pareja. En la que le dedicó a la esposa se narra que todo fue mentira, pero que cuernos merecía por causarle con su vicio tanto sufrimiento.

Por estos días se han desmontado los cachos de la casa que funciona como sede de la llamada Federación Nacional de Cachudos (FENACA).  “Es que los carros pasaban pitando y eso pone mal a la mamá de Ramoncito”, dice Milton Murillo,  el nuevo presidente.  La madre pasa sentada junto al balcón, cuenta que tuvo 20 hijos, un solo compromiso y que su esposo le puso los cachos muchas veces.

Para el psicólogo clínico Félix Rodríguez, colgar los cachos fue para Ramón un arma de doble filo, y aunque en esta actividad del club, evidentemente menos violenta que otras,  haya descargado parte de su dolor, por lo que se conoce a través de los medios, el doble duelo (por la pérdida de su mujer y amigo, en el caso de que la historia haya sido real) nunca se resolvió.  Ramón no se volvió a comprometer, no superó el alcoholismo.

Rodríguez trabajó en el Centro de Rehabilitación Social El Rodeo,  cuenta que pudo observar como patrón que la principal causa de sufrimiento de los reos, sobre todo de los manabitas, era la de pensar si su mujer estaba con otro. “Por casos familiares  y por la experiencia con mis pacientes puedo decir que el manabita promedio no se cansa de hablar de una traición, incluso cuando ya está con otra pareja. Es que en nuestra cultura el que es cachudo una vez, lo es de por vida”, señala Rodríguez.

 

Identidad, pertenencia, orgullo

Busco  al historiador Joselías Sánchez, en el barrio Las Acacias de Manta, para que me ayude a entender los factores que intervienen en la construcción de una identidad tan fuerte como la manabita. No está en casa, toca esperarlo por el parque del avioncito.  Me siento en un columpio,  en la primera mecida aparece un recuerdo ligado a ese lugar.

Soy universitaria, teatrera,  un tipo me intercepta cuando voy a casa, a pie. Camino porque no tengo ni 25 centavos para el bus y ya me da vergüenza pedir prestado. Antes de poder reaccionar,  tengo un machete en el cuello, el tipo me exige las joyas, el celular y la plata que no tengo.  Pienso, ¡todo terminará rápido, no tengo nada que pueda robarme! Pero no. Al darse cuenta de que no tengo ni aretes y que en mi bolso solo hay  hojas y una pluma, me arrastra hasta un terreno baldío,  llama a otro tipo. Pienso que esa noche de enorme luna es la última de mi vida. Un hombre pasa lento en una bicicleta, es como si pedaleara hacia adelante  y hacia atrás, los dos entran en pánico y, tras una disputa entre ellos, logro escapar.

Joselías Sánchez llega, piso la tierra, respiro fuerte, entramos a su casa y me explica que por el aislamiento, por los asentamientos a grandes distancias, como la montaña,   el manabita generó una cultura muy local. “Cuando ocurrieron las guerras de la Independencia,  y participan en ella Jipijapa, Portoviejo, Montecristi, la Gran Colombia cobra un tributo de la guerra y si no pagabas, el Estado gran colombiano se llevaba la tierra (…) los manabitas rancheros, granjeros, jornaleros, recogieron el dinero para pagar el tributo y la tierra se convirtió en tierra de los manabitas, por eso antes si ibas al campo y encontrabas un plátano, lo podías cortar sin pedir permiso, porque la tierra era de todos. Y así a lo largo del tiempo, en un proceso, se fue forjando esa identidad”, relata Sánchez.

La lectura de Sánchez es que en la cultura manabita la mujer es para el hombre tan suya como la tierra. “No tanto lo mío como pertenencia, sino como parte de mí, de mi familia. La mujer hace todo, tiene a los hijos (la semilla), recoge la cosecha, el hombre manabita que es orgulloso, que no se deja humillar, no puede permitir que su mujer, o su hija sean ofendidas, y de ahí la violencia, la venganza. Apunta que no hay que olvidar que el europeo que llegó a América y que generó descendencia era un hombre violento.  Sánchez agrega que el caso de Ramoncito representa una ruptura, en el modelo tradicional, ante una afrenta como los cachos.

 

Literatura

En la tradición oral hay muchas líneas dedicadas al macho que infla el pecho por el número de mujeres que tiene, el don de mando en su casa, y su bravura.  Ángela Zevallos,  promotora cultural, apunta que en los amorfinos, concretamente en el contrapunto (respuesta en verso) se pone de igual a igual a hombres y mujeres. “Muchísimas mujeres tienen en su repertorio versos chocantes, como los cuenteros naturales les dicen,  que le dan muy duro a los hombres”: la mujer que quiere a dos/no es tonta sino advertida/ si una vela se le apaga/ la otra queda encendida.

En mayo La Policía lanzó una campaña denominada Manabí libre de violencia intrafamiliar. La estrategia es que 27 radios transmitan amorfinos cuyo contenido llama al respeto,  a dejar atrás el machismo, a prevenir los femicidios.

La poeta Yuli Marcillo, nacida en Chone, escribió No debería haber mujeres buenas,  un poemario que fue directo al ego del mujeriego: “No debería haber mujeres buenas./No debería haber vaginas frescas./Tus hijos saben que bebes de otra leche/pero te dicen te amo./Yo no. (…) Tu machismo ya no me entra por las hendijas (…)”.

 

Femicidios y silencios

Femicidio

En enero se realizó un plantón en Manta

Mientras trabajo en esta crónica pienso en la mujer que mataron en mi vecindario el 11 de octubre del año pasado, a las siete de la noche. Se llamaba Digna Cuellar. Nunca la conocí. La primera vez que supe de ella fue justamente la noche en que murió. Su esposo, Freddy Mera,  la apuñaló por la espalda y luego se lanzó de la terraza de un segundo piso. Sobrevivió. Fue a prisión,  el 24 de enero lo encontraron colgado.

Al siguiente día del crimen, el Mercado Central de Manta, donde laboraba el esposo en un puesto de legumbres, se silenció. No se suspendieron las actividades, no.  Lo que se autoimpuso fue un insoportable mutis. La prensa publicó que Digna le había manifestado a su marido la decisión de divorciarse, y que ambos eran muy religiosos. Este fue uno de los diez casos de femicidio ocurridos en Manabí durante el 2016.

Pienso en la historia de violencia que habrá vivido mi vecina y del relato que no podré reconstruir directamente de sus labios. Pienso en Elisa, de 38 años, que el sábado 28 de mayo, en Montecristi,  estuvo 45 minutos como rehén de su esposo, quien la retuvo con un cuchillo en el interior de la casa que compartían.  Ese día, a las cinco de la mañana, Emilio Álava empezó a tirarle piedras a la vecina, y hasta le lanzó un pico. “Me decía que era una sapa, porque siempre defiendo a Elisa, si no me aparto, quizás me mata con el pico”  relata Jessy. G. Ella hizo uso del botón de pánico que activó en su celular y llegó la policía. Emilio escapó. Cuando la policía se marchó, el agresor regresó y empezó a golpear a su esposa.  Ella salió de casa y afuera él la amenazó con golpearla con dos piedras si no ingresaba a la vivienda. Elisa accedió. Adentro él tomó el cuchillo y amenazaba con clavárselo, si los policías no se retiraban. En el  operativo policial intervinieron aproximadamente 60 efectivos, entre agentes y miembros del Grupo de Intervención y Rescate. Emilio fue detenido y enfrenta cargos por el delito de intento de femicidio. El fiscal Pedro Pihuave tomó el testimonio anticipado.

Elisa

Elisa espera que la historia de violencia haya llegado a su fin. Ella y sus hijos necesitan atención psicológica.

Elisa narra que su esposo salió de la cárcel el 7 de febrero de este año, que estuvo preso durante siete meses.  El año pasado cuando por otro problema con un vecino llegó la policía a detenerlo, este tomó como rehén a uno de los hijos de ambos, un niño de once años. En aquella ocasión usó un machete.  Ella menciona que no puso la denuncia por temor: “siempre me amenazaba, decía yo nunca me voy a quedar en la cárcel (esta es la vez número catorce que va a prisión), voy a salir y si me denuncias, te haré picadillo”.

Pero la historia de violencia de Elisa no empezó en el 2016,  lleva 17 años. Cuenta que sus padres son ecuatorianos y migraron a Venezuela. Allá nació ella. Cuando cumplió 17 años llegó al Ecuador, se enamoró de Emilio, y se unió a él. Todo iba normal hasta que su familia regresó a Venezuela.  Ella se quedó sola, y sin papeles de ciudadanía,  estos los obtuvo hace diez años.  Su esposo empezó a maltratarla, en cada agresión le recordaba que no tenía a quien recurrir, que no existía.  Elisa tiene tres hijos, todos menores de edad, trabaja en una fábrica que procesa pescado. Nunca han recibido atención psicológica. Para entrevistarla le pido que hablemos lejos de los niños. Dice que no tiene sentido, que ellos saben,  ellos han bebido de la violencia desde la cuna.

Voy por todos lados preguntando, y preguntándome, cómo es posible que un hombre que amenaza con un machete a un niño, a su propio hijo, que lo hace delante de policías, aun cuando la madre no puso la denuncia,   salió a los siete meses de la cárcel.  La respuesta es que el año pasado se lo procesó por  ataque –resistencia, no por intento de homicidio.

Nancy Hidrovo, jueza de violencia, menciona que el problema del femicidio está ligado al machismo, al delirio de propiedad del hombre sobre la mujer. Esa creencia de que el cuerpo de la mujer le pertenece.  Ella se sorprende de que un hombre que atentó contra un niño haya estado solo siete meses preso. Dice que desconoce el caso, pero que lo correcto es que sea revisado, que falta sensibilidad en muchos funcionarios a la hora de administrar justicia. También dice que ya es hora de desmontar ese falso  orgullo manaba del macho, que hay muchas cosas de las que uno puede sentirse orgulloso en esta tierra, pero que del machismo hay que avergonzarse.

Freddy Solórzano, editor de Diario La Marea, dice que obviamente en los femicidios está, por lo general, implícito el machismo. Pero a él no termina de convencerle el término femicidio. Cree que no debería hacerse esa distinción en los crímenes: “¿Y cuándo se mata a un hombre cómo le decimos?” La Marea es el diario más vendido de Manta, si algo lee el ciudadano común, es justamente este diario.

Antes de sentarme a escribir llamo a una amiga feminista y le cuento que trabajo en un tema sobre las pasiones, la identidad y los femicidios. Ella me advierte que no vaya a caer en el común de la prensa de decir que se mata por celos o por amor. Es peligroso, recalca. Me reviso, no solo en cómo escribo, sino en cada tara inconsciente.

diarios, violencia pan del día

El 7 de junio voy por las calles de Portoviejo y escucho en la radio de una camioneta el reporte de un femicidio; un hombre de 40 años mata a una joven madre y se suicida. Muere con su bebé en brazos, es el sobreviviente.  Los policías también lloran. Le pido al conductor que por favor le suba a la radio para tomar apunte. Él nota mi indignación, y dice para calmarme: pero ahí relatan que es por líos de amante. Una semana después (el 15 de junio) un enfermero de Portoviejo asesinó a sus hijos al inyectarles diferentes tipos de medicamentos,  después intentó suicidarse. El crimen conmocionó a Manabí, las autoridades decretaron tres días de duelo, y al padre pudieran condenarlo a 40 años de cárcel. En todos lados se habla de esto.  En una casa escucho a mujeres lamentar la muerte de los niños y en sus argumentos culpar a la madre: dicen que él le pagó hasta las chichis y ella se puso bonita para otro.

En las redes sociales no hay mesura, hay morbo, hay  insultos, hay rechazo, hay condena, y en esto lleva la peor parte la madre. Freddy Solórzano, el editor de La Marea con quien días antes hablé sobre machismo y femicidio,  escribió en su cuenta de Facebook: (…) “No nos engañemos, esto no es más que la vieja historia del machismo del que también soy hijo (…). Ella no inyectó la sustancia que los mató, pero está condenada por los amigos de Facebook. Cambiemos los roles: si ella hubiera matado a los niños porque su marido le fue infiel, en las redes al adúltero le hubiesen escrito los sentidos pésames y de la traición apenas se escribiría algo (…)”.

Cinco femicidios en lo que va del 2017*, ¡Carajo! Hay que parar esto. La violencia es nuestro pan del día, tan a la orden en Manabí como el plátano y la salprieta.

*Este texto se terminó de escribir en junio de 2017 y se publicó en la revista Mundo Diners. Hasta esa fecha se registraron más de 800 denuncias por violencia en el entorno familiar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El sacudón de nuestras vidas


A propósito de los sismos de anoche (sentí solo el de 4.7 con epicentro en Jipijapa), comparto un texto que escribí por solicitud  del Municipio de Manta para una memoria sobre el terremoto del 16 de abril de 2016, este no se publicó y se quedó por ahí en la previa de la papelera, ya está a destiempo- me dije. Y pues con el sacudón que nos trasnochó tengo que reconocer que no hemos sanado del todo, que el terremoto y sus terrores no han pasado, ya nunca más un temblor será un temblor.

Mi madre lo había dicho, una y otra vez, que los monos andaban aullando muy cerca. Pero no imaginé que se venía una tragedia. Mis padres viven en Membrillal,  un pueblo de Jipijapa.  Recuerdo que en mi tiempo escolar hubo un programa educativo para saber actuar en caso de sismos. Nos sacaban al patio y jugábamos con la terribola, una  pelota que tenía divisiones con franjas en relieve, cuando alguien la recibía tenía que reaccionar de acuerdo a lo que esa fracción le indicaba:   guarecerse debajo de un pupitre, ubicarse en el marco de la puerta. Es inolvidable la canción “y si la tierra tiembla nos debemos proteger”. Iniciaban los 90, entonces no se hablaba del triángulo de la vida.  En 1987 el Ecuador sufrió dos terremotos,  de magnitud  6.1 y 6.9,  que dejaron más de mil muertos.  En las publicaciones de la época se lee lo mismo que ahora: el país no está preparado para el desastre.

El 16 de abril de 2016, estando en la terminal de Portoviejo y a punto de subirme a un bus para Manta, ciudad en la que vivo, se me ocurrió ir a visitar a mis padres. Es normal en mí decidir un destino en minutos.  Al llegar a casa encontré a mamá preparando una variedad de platos típicos con choclo.  Con mi hermana mayor, que luego también cayó de sorpresa, le pedimos a papá la mejor mazorca de su cosecha. En el horno de leña del patio se lo ofrendamos al fuego para agradecer el alimento, la lluvia, la vida. Es algo que hacíamos por primera vez,  nació en ese instante,  nos conmovió la abundancia. El verdor era un milagro en esta tierra seca.  Luego fuimos a ver caer el sol entre las montañas y fue ese un atardecer de colores intensos. Algo que no sé explicar me llevó a cantar y a realizar el saludo al sol (asana -yoga), después postrada besé la tierra.  ¡Te sentimos tanto, pero no supimos leer tus señales Pachamama!

Descendimos con las primeras sombras y llegamos a casa cuando mis padres ya habían merendado. Nos sentamos ante el banquete que nos dejó mamá, había llevado apenas dos cucharadas a la boca cuando empezó a temblar. Por costumbre hice aquello que me fue introyectado en la infancia y que hasta entonces era la única capacitación recibida. Ahora sé que pararme en el marco de la puerta no es recomendable.  Mientras la tierra serpenteaba y de las paredes se desprendía un polvo blanco, lo que me sostuvo fue el fuego en el horno que veíamos con mi hermana desde nuestro errado sitio seguro.  Acompañé esos 48 segundos de larga duración con el mismo canto del atardecer: bendecid Pachamama, bendecid madre tierra.

Metida en el pueblo, sin luz, sin internet, sin carga en el teléfono, nunca pensé que el horror se había tomado Manabí y Esmeraldas. Al amanecer emprendí un viaje a dedo hasta Manta en busca de mis hermanos y mi perro, en el camino me repetían: A qué va, si esa ciudad ya se perdió. Fue en Montecristi donde empecé a tomar consciencia de lo que se venía, la basílica estaba sin la torre. Al llegar a Manta crucé a pie Tarqui y hasta ahora me siento incapaz de describir el impacto que me produjo ver la destrucción de lo que horas antes era el corazón comercial de la ciudad, saber que debajo de todos esos escombros había personas.

Por el sector de la terminal un hombre me dijo que gracias a Dios no perdió ni casa, ni familia, le pedí  de favor que aligere en su bicicleta mi carga,  unos metros más allá desapareció con el agua, el sleeping y la comida que traía para mis hermanos que habían pasado la noche en un parque. Le esperé en vano junto a la iglesia La Dolorosa con la convicción de que regresaría, negándome a creer que me había robado. Al frente, los rescatistas luchaban por sacar vivos a los que estaban bajo lo que horas antes fue una casa de cinco pisos.  En todo el barrio se escuchaba que era como si les hubiera  caído otro avión. El templo tenía escombros, la misa se realizó afuera, el repiqueteo de las labores de rescate se fundía con un cántico: “Dolorosa de pie junto a la cruz, tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre. Dolorosa salva al Ecuador”.

El segundo lugar al que corrí a mirar, después del departamento que rentamos,  fue el Maac Cine. Con cuánta ilusión había esperado abril para su reapertura. Triste destino el de la cultura en Manta, una vez vencido el vendaval burocrático que lo cerró, la madre naturaleza dijo no se abre.  Y se llevó además al teatro de esta ciudad, que también fue mi casa.

Al tercer día del terremoto, volví a la playa. Yo no podía estar sin el mar que me ha lavado el alma en cada una de mis catástrofes.  ¿Dónde estaban los que madrugan?,      ¿los que bailan?, ¿los caminantes? El Murciélago se había quedado solo. En la vastedad de la playa éramos tres, sin ser amigos, nos dio alegría sabernos vivos.

El terremoto me hizo pensar que  en Manta quería estar, que es mi ciudad y que aunque la veas devastada no te quieres ir. Es la tierra que me recibió a los 16 años cuando llegué del campo, en la que estudié la universidad, me vinculé al teatro y me hice periodista, la Manta de las letras de Hugo Mayo, la de Pedro Gil, la de mis cuentos. Frente a los escombros y los sitios vacíos he pensado ¿Cuál es la Manta que narraremos para la memoria? ¿Cómo es la ciudad que cocrearemos con el verbo y las manos?

Aquellos días de abril me recuerdan la fragilidad, el sacudón de la consciencia: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (Pavese). Y en ese golpe que fue como el de los Heraldos Negros, yo no sé, llegó la contraparte del poderoso amor que nos tocó a marea alta. No he dejado de preguntarme ¿para qué estoy viva? Entre esas 671 vidas truncadas seguro había mejores personas que yo.  El terremoto nos quitó la tranquilidad y ojalá la pasividad. Que nunca se nos olvide la tierra que pisamos y que al final aquello que importa es lo que abrazamos felices cuando dejó de temblar.

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Hugo Mayo: el encuentro con un poeta inoxidable en la casa de los peces


Por Freddy Ayala Plazarte

Freddy Ayala Plazarte

Cuando el cuerpo desaparece empieza a tejerse el nombre de quien fue, es decir, comienza el mito, ahí, los detalles, escritos, fotos, o fracciones del autor, por más mínimos que sean, cuentan como evidencias fundamentales para realzar su imagen. Temo que aún vivimos en un mundo hecho para los ausentes, y para glorificar lo que ya no está, temo que esta sociedad espera que llegue la ausencia eterna para eternizarse, por un instante, en un recuerdo. Hugo Mayo es o, más bien, debería ser una constante memoria poética, de lo que ha sido “el hombre siglo”, como él lo decía.
No nací en Manta, ni he ido a una oficina de espectáculos para conocer a este señor, considerado irónicamente “empleado del verso público”, cuando trabajaba en Guayaquil. Ni siquiera en la secundaria, cuando recibía algo de literatura ecuatoriana, escuché su nombre. He conocido a Hugo Mayo atemporalmente, mi relación con este poeta es un asunto, exclusivamente, poético, cuando un escritor ecuatoriano, hace más de 10 años, me recomendó que lo lea, porque consideraba que, quizás al hacerlo, podría encontrar más sentidos creativos para mi escritura. Busqué sus poemas en la Internet y, posteriormente, conseguí un par de sus obras. Al leerlo e investigarlo, me di cuenta de la importancia de este escritor; importante por toda la relevancia en la vanguardia latinoamericana y sus conexiones con la vanguardia europea, de inicios del siglo XX. Los poemas que más me llamaron la atención me parecieron místicos, cósmicos, futuristas, falciformes, y sobre todo, inoxidables. Recuerdo un verso suyo; uno que lo repito en mis clases de la Universidad, porque considero que es una forma de entrar en el pensamiento y el sentido del lenguaje, el cual dice: “I alguien escribió el abecedario de los puntos suspensivos en la herida del viento infinito”.
También recuerdo que, alguna vez, un escritor (ecuatoriano), me dijo: «ya sabes Freddy, Hugo Mayo, está muerto», aduciendo que, en muchas ocasiones, me había declarado un ferviente defensor y admirador de la obra del poeta mantense, y que por leer esta poesía hermética, uno termina escribiendo sin claridad. ¿Acaso aún vivimos en un país de celos intelectuales y provincianismo culturales?, lo que nos ha impedido proyectarnos hacia otras latitudes. ¿Cuál es el problema con el hermetismo de la escritura? De ser así, Mayo, no habría sido prologado por Borges, y ni el mismo André Bretón, líder del surrealismo, le habría mantenido correspondencia, y mucho menos, el pensador socialista del indigenismo, José Carlos Mariátegui, le habría declarado representante de su revista Amauta. A más de esto debo decir, que no en vano Hugo Mayo era un contestatario del “vigente romanticismo dieciochesco” de su época, su rebeldía estaba dotada de un lenguaje poético metafísico, sabio viejo, “Nino Amonalik, dibujante de cosas raras”, replegado a su natal océano, que mantuvo distancia hasta con la escritura de su hermano, el poeta José María Egas.
La obra de Mayo, ha sobrepasado las fronteras de nuestro país, como ya lo hizo en su mismo tiempo, pero, curiosamente, sus obras se han publicado por vías institucionales en Quito, Guayaquil, y un estudio en Cuenca, y me pregunto, ¿qué ha pasado en Manta? ¿Por qué no se ha publicado su obra en la casa de los peces? Su ciudad natal, su cuna, a la cual saludaba de pie. A un poeta trascendente no se le puede dejar tanto tiempo en el olvido, casi 30 años de su muerte, se lo debería convertir en un símbolo, si me permiten decirlo, de la manteñidad, y de la identidad cultural, literaria, de Manabí. Nada mejor para las nuevas generaciones que leer a un poeta local, reconocido internacionalmente, en su tiempo. Su aporte a las letras ecuatorianas es auténtico e indiscutible, y por ello se le considera el primer vanguardista.

 

Freddy Ayala y los conocidos de Mayo

Varinia Andrade, Stalin Valdiviezo, Gustavo Cañizares conocieron en persona a Hugo Mayo. Freddy Ayala Plazarte ha estudiado su obra y se ha preocupado por difundirla.

Con el tiempo, voluntariamente, me convertí en un defensor y difusor de su obra. En los viajes, a quienes me han preguntado sobre el autor, he recurrido al boca a boca, a la oralidad; sin los suficientes recursos es imposible poder hacerles llegar los estudios realizados. Ya en Argentina he sabido que leen y piden su obra, lo mismo España, me sucedió en Madrid, y particularmente, en Zaragoza, están próximos a publicar en una revista algunos poemas suyos y un ensayo. Tal vez estas sean buenas noticias para ustedes, ahora saben que su poesía está vigente, y que este homenaje puede ser el puntapié de reposicionar su memoria poética en su ciudad natal.
Mi gratitud y saludo a todos los organizadores del Papagayo K, quienes me han invitado con la mejor predisposición a celebrar a Hugo Mayo. Hace muchos años había venido a Manta a un evento literario, y lo primero que hice fue buscar el mar, para imaginar uno de sus poemas, y tratar de sentir esa atmósfera que envuelven su escritura. Lo que no sabía era que algún momento se iban a juntar esas distancias y esas lejanías, solo la poesía abre estos caminos. Manta se ha levantado vigorosamente de un terremoto, ahora debe levantar la memoria de uno de sus grandes hijos poetas.

Texto leído en la inauguración del Papagayo K en el Pasaje de los Hermanos Egas Miranda – Manta 25 de octubre de 2017.

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Papagayo K, el encuentro con Hugo Mayo


afiche general Papagayo K

Ya he hablado antes de Hugo Mayo, el vanguardista nacido en Manta, que se vinculó a movimientos que dejaron huella en la literatura, que su poesía fue valorada por grandes como Bretón, y que en el país fue incomprendido, marginado y hasta tildado de loco.
Esta vez les traigo una buena nueva, y es a la vez una invitación. Con amigos del colectivo  literario ClanDestino, Tinta Ácida Editores, y el movimiento Recuperemos Manta hemos preparado el Encuentro Literario Papagayo K, evento que rinde tributo a Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas) y que reúne a destacadas plumas del país y de la escena local. En esta iniciativa también participan otros actores culturales de la ciudad.
Papagayo K se desarrollará del 25 al 27 de octubre en diferentes escenarios. La inauguración será a las 19:00, en el pasaje José María Egas (me gusta llamarlo de los Hermanos Egas para no perpetuar el olvido a Mayo). Habrá una instalación con versos del vanguardista y se teatralizarán algunos de sus poemas, entre ellos Sepelio del Papagayo K, que da el nombre al encuentro literario.
Varios de los invitados son Silvia Stornaiolo, María Auxiliadora Balladares, Jorge Martillo, Gaby Ruiz, Carlos Vallejo, entre otros. Habrá presentaciones de libros, conversatorios, recitales, fiestas.
Los eventos serán abiertos al público. Para apoyarnos en esta iniciativa independiente, pero sobre todo para que conozcas la obra de Hugo Mayo, puedes adquirir un cuadernillo con poemas de nuestro autor homenajeado, este se lanzará la noche de la inauguración. La programación completa, los datos de nuestros invitados, colaboradores y más detalles los encuentras en la fan page del evento, dale like, sigue, comparte con el hashtag #PapagayoK.

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La ruina del vientre sacudido


Como ven, de a poco estoy regresando al blog.  En este intento de ponerme al día incluiré textos que no son tan nuevos,  pero que ningún pero de tiempo impedirá compartir.  El que sigue lo leí en la presentación del libro del poeta manaba Alexis Cuzme, quien es además periodista, editor y bloguero. La ruina del vientre sacudido salió de los escombros que dejó el terremoto el 16 de abril de 2016, y que difícilmente olvidaremos.

Presentando La ruina del vientre sacudido. Foto de Isaac Vélez. Tomada de Ciudad Hecatombe.

“Los pies en la tierra”

decimos para alabar la cordura,

el sentido de la realidad.

Y de repente

el suelo se echa a andar,

no hay amparo:

todo lo que era firme se viene abajo”.

José Emilio Pacheco.

Ese venirse abajo, ese perder el piso que te sostiene, es lo que nos desquicia, lo que nos hace conscientes de que nada es seguro, ni el suelo que pisas. Y se hace la tiniebla. Es cuando la voz lírica, cito, “parte y regresa a la demencia negra”.

“Entiéndeme oscuridad,

En ti perdura un tiempo detenido.

En ti la hora se derritió

En ti yazco perdido de mí mismo”.

La oscuridad, es la tabla y el telón de fondo de cada puesta en escena del verbo de Alexis Cuzme, y lo digo con la certeza de quien ha compartido jornadas desde el pregrado, la pasantía, el trabajo editorial, y el postgrado. Aquí la oscuridad vuelve una y otra vez en sus múltiples significantes, es el ave hermosa que picotea desde las 18:58. Entumecido en ella es donde el personaje que ha descendido saborea la vida, es donde se vuelve un latido furioso, donde inventa realidades, diciéndose que cambiará, queriendo mutar en gusano fosforescente. Es allí donde florece la ruina del vientre sacudido.

En los versos de Alexis Cuzme reconozco fragmentos de historias que leí en los periódicos, que vi en la televisión, que recogí en mi trabajo como cronista freelance. La voz lírica las hace suyas, no es el espectador, no es el lector, es su pellejo bajo la losa, es su lengua la que siente, cito: “toda la sed retenida de mis años”, es quien bebe su propia descomposición.

Un ser insoportablemente despierto, en un sepulcro de cemento, nos habla. Allí su identidad se pierde, lo que hay es lo que él llama un revoltijo de nombres. Su nombre es Auxilio ¿Cuántos auxilios gritaron en la noche aquella? Logra transmitir su angustia en ese grito que muere falto de aire, de fuerzas. El ritmo del poema es el ritmo de la desesperación. Es descarga y es pausa.

a-u-x-i-l-i-o

a-u-x-i-l-i

a-u-x-i-l

a-u-x-i-

a-u-x

a-u

a

“No hinques mis ojos, niño de sangre y lodo

Entrégate a un rincón y juega con tus delirios”

Me detengo en este verso y siento la aproximación de esos dedos, mi cuerpo y mi alma estremecidos imaginan que, en la negrura, lo último que viste niño fueron los ojos de un superhéroe, quizá los luminosos del murciélago, alguien que te cubrió con la capa de la fantasía y con el que hiciste el gran escape. Perdón, ¡cuán insoportable es la realidad! Grondin dice que “en toda interpretación es la concepción de nosotros mismos lo que se encuentra enriquecido”. Y cuando Alexis Cuzme declara que este trabajo es una purga interna y personal, que le sirvió para purgar todo el horror consumido, pues no queda más que reconocer que en la lectura, relectura y en la presentación que hago en este momento, está mi purga. Y no solo del terremoto de 7.8 grados, sino de cada catástrofe que me ha sobrevenido, y que el sismo del 16 de abril no ha hecho más que mostrar la fragilidad, las falsas bases, los pilares debilitados.

“Soy

el

escombro

que

no

quiere

reconocerse

el pedazo que no volverá

a amarse”

Las isotopías de este poema son la oscuridad, la muerte y la desolación. Hay imágenes que no me puedo sacar de la mente. Escucho ese timbre que sigue oprimido por un dedo sin dueño. Preguntas que se clavan ¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?, la muerte que huele a diluyente, la que pasó de largo ante un hombre que tres décadas después recordó una técnica de yoga.

La-ruina-del-vientre-sacudido-PORTADA

En la ruina del vientre sacudido asisto a la contemplación (cito) “de los bloques lloriqueantes: lágrimas de cemento y hierro”. Solo en la poesía se es capaz de un encuentro con la sustancia. En una entrevista, Lezama Lima declaró “Yo creo que la maravilla del poema es que llega a crear un cuerpo, una sustancia resistente enclavada entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis”.

La literatura sobre catástrofes es necesaria, y así ha sido desde siempre (una gran muestra está en las tragedias naturales bíblicas). Autores como Ovidio, Voltaire, Gaspar de Villarroel, William James, Goethe y tantos otros plasmaron en sus obras sobre la devastación que provocan los terremotos. El poeta y ensayista japonés Kamo no Chomei escribió sobre el potente sismo de 1185: “Si los hombres hubieran sido dragones se habrían subido a las nubes, pero no habrían tenido las alas para encumbrarse a los cielos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que los terremotos son la más terrible de las cosas terribles”.

Cuando se cumplieron 31 años del sismo de 8.1 grados que devastó la ciudad de México (del 19 de septiembre de 1985), se publicó en el diario Excelsior un artículo de Virginia Bautista, en el que se analiza que la Literatura tiene una deuda pendiente con ese suceso en la vida del país. La memoria existente está en abundancia en el periodismo, en la fotografía, y fue radical para la transformación de las artes visuales.

Paz, Pacheco y Monsiváis hicieron literatura sobre el terremoto. “Sólo contamos con un par de poemas, un ensayo y media docena de cuentos, básicamente, sobre esta tragedia natural. “El terremoto es la terrible presencia de la ausencia en nuestras letras”, sentencia Ignacio Padilla.

Que eso no nos pase en Ecuador, que eso no nos pase en Manabí. Gracias Alexis Cuzme por este aporte a la memoria.

 

(Texto leído el jueves 27 de abril, en el Museo Etnográfico Cancebí en Manta)

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Trayendo de vuelta a Hugo Mayo


 

20170605_194154.jpgVivo en Manta – Ecuador, un puerto del que quizá, amigo del mundo, escuchaste hablar alguna vez porque el mejor atún se procesa acá, o porque fue esta una de las ciudades afectadas por el terremoto del 16 de abril del año pasado. En fin. Hay algo más por lo que Manta debería estar en el mapa. Fue aquí, en esta tierra, en donde nació el vanguardista Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas). El olvido generalizado de este grande me ha dado material para escribir. Ya en otros post cuento sobre eso, por ejemplo, su monumento ubicado en el pasaje que lleva el nombre de su hermano, el poeta José María Egas,  no tiene una placa que lo identifique, y así pues nuestro Mayo sigue anónimo en casa.

El lunes en una pared de la calle 15, sector del redondel del monumento lata,  logramos traerlo de vuelta.  Perdón, lo pintaron los muchachos  de SEF-ART.  Por mi cuenta fue una manita de gato para fondear y la idea de que se incluya a Hugo Mayo en la movida de Recuperemos Manta. Agradezco a Yuliana Marcillo que acogió la sugerencia y se movió con la logística.

Y ya que dimos ese primer paso, libero por aquí una sugerencia que ojalá sume el apoyo de quienes la habitamos, y las autoridades, claro. Propongo que el 24 de noviembre, fecha del natalicio de Hugo Mayo (bien clarito dijo que Miguel Augusto no escribió nada) se lo instaure como el día para traerlo de vuelta, en las formas tradicionales y creativas posibles. Sí, traer a Mayo, al que se carteó con Borges, ese que le torció el cuello al cisne de engañoso plumaje, a ese hombre que le declaró su amor a Manta en más de un poema,  cierro este post con un fragmento de uno que me parece memorable:

¡Manta mi ciudad y mi cuna

te saludo de pie, enardecido

buscándote en la noche de tu origen!

Aquí tu hijo que un día se alejó,

Igual a muchos,  sin decirte palabra,

trayendo el corazón para estrellarlo,

y poniendo un beso de amor sobre tu suelo

¡Suelo en el que hice bailar cuando era niño

un muñeco de felpa y un trompo de hojalata!

 

 

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A mí también me estafó Open English


Open English  ...estafa.jpg

 

Sé que lo que voy a contar no es nada nuevo en la web, y ¡cómo me pesa no haber dedicado tiempo a buscar información y a leer los blogs en donde advierten sobre la estafa que significa entrar en el juego de Open English!  Escribo desde Manabí, Ecuador y a quien quiera puedo ofrecerle pruebas de lo que digo.

Resulta que el año pasado me gradué de la maestría y pues consciente de que necesito o necesito el inglés para el doctorado (en caso de que encuentre las ganas de meterme a eso), decidí hacer un nuevo intento en mi vida con el inglés. Pero como por cuestiones laborales no podía salir del país para vivir el idioma, que es sin dudar la mejor opción, ni disponer de tiempo para ir a una escuela presencial,  me dejé llevar por la publicidad de que con Open English tienes un maestro las 24 horas del día, y como soy insomne, me caía de maravillas. A esto se suma de que había una OFERTA, sí una inmejorable del 60 % de descuento…

Y ahí estaba yo, rogándole a mi amiga con tarjeta de crédito para que me la preste, “mira ñañita que son $664 “, y cómo nunca le he quedado mal, ni a ella ni a nadie, accedió. Opté por contratar un curso por un año, justo en junio del año pasado.  Todo el trámite se llevó a cabo por teléfono, me preguntaron si quería tener opción al maestro a tiempo completo, y claro, naturalmente, por eso es que he escogido Open English… y listo.

Cuando llegó el estado de cuenta, resulta que el débito era de casi mil dólares, es que comprenderá que es una transacción internacional. Y al mes  mi amiga me llamó alarmada preguntando si yo había hecho uso de los datos de la tarjeta que ella me había confiado, para hacer alguna otra compra, sin avisarle.  Le respondí que hasta la pregunta ofendía, que yo no soy así. Pero ella tenía razón, se debitaron más de $100 y en el asunto estaba metido nada más y nada menos que Open English.  Llamé para hacer el reclamo respectivo, y me indicaron es que usted dijo que quería tener acceso al maestro a tiempo completo, lo tenemos grabado. Pero es que ese es el servicio que ustedes ofertan por televisión, por redes sociales, y hasta en las llamadas que hacen para seducirte-acosarte. Y nunca dejan claro que ese es un servicio opcional y que se cobra mes a mes.  Pues quién le pararía bola a Open English así, todos sabemos que lo que engancha es saber que tienes un maestro ahí al alcance de un clic.

Exigí que me devuelvan el dinero, dije que los iba a denunciar, me llamaron para ofrecerme una compensación, que me darían acceso a una cosa súper especial,  un plan de clases y sus herramientas, algo que no tienen los otros estudiantes. Y pues…como andaba zen, ilusionada y cayendo en la red de otras estafas (más profundas, ya les contaré), dije vamos a darles otra oportunidad. Y lo que llegó a mi correo fue un escueto pensum en donde ningún enlace funcionaba, algo así como cuando usted abre un link de una universidad que oferta un curso de algo y le dicen en el primer módulo se verá esto y esto y esto y punto.

No les alargaré el cuento, ¡maldita sea no es cuento! Mi amiga tuvo que anular la tarjeta de crédito porque Open English renova servicio, succiona la tarjeta sin previo aviso, sin autorización, porque dizque todo eso uno acepta cuando te llaman para ofertarte el curso.  Ya que el daño (asalto) estaba hecho decidí hacer uso de lo que tenía a mano, y no. Las clases grupales son un tedio, las otras herramientas son bonitas a primera vista, pero te machacarán una y otra vez con lo que ya has visto desde la escuela, colegio y universidad… Y ahí, en un lado de la pantalla verás, como si se burlaran de ti, un anuncio que dice: “Felicitaciones, !has utilizado todas tus clases privadas disponibles en este momento!”

 

 

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IESS y el el juicio de las muelas


IESS.jpg

Escribo enojada hasta las muelas, como asumo debería estar todo ecuatoriano, hasta el más zen, por todo la podredumbre pública de los que un día se cobijaron bajo el slogan de las manos limpias…y ya saben el resto. Pero no hablaré del caso Odebrecht, hablaré de un proceso tan kafkiano como el de conseguir librarse de las muelas del juicio en nuestro sistema de salud.

Trataré de resumir, pues sé que cualquiera que ha pisado un hospital público sabe de estas penurias.  Resulta que en el 2015 me salieron los terceros molares, y pues cuando estaba en pleno dolor empecé a tramitar un turno en el IESS, turno que no llegó hasta tres meses después (cuando ya me había atendido con un médico particular y las molestias mayores habían pasado).  Igual separé la cita consciente de que debía someterme a una cirugía, y ya sería el colmo pagar por ella cuando me descuentan mes  a mes $138, 77, y lo máximo que se recibe en medicinas cuando uno enferma, por lo general, es paracetamol y suero oral.

En el hospital del IESS de Portoviejo me indicaron que no había cirujano y que por tanto me transferían al Hospital General Rafael Rodríguez Zambrano, de Manta. Conseguir que agende la cirugía en este último hospital tomó otras semanas más. Tocó hacerme exámenes en laboratorios particulares porque dijeron que no había cómo hacerlo en el Rodríguez Zambrano.  Llegó el día de la cirugía, al ingresar al hospital vi que todo estaba paralizado, justo ese día se realizó un simulacro en la casa de salud, y pues chao cirugía.  Aunque tenían mis datos, nadie llamó a avisar que se había suspendido la intervención, que había que reprogramar, y menos pedir disculpas, eso no existe.  Confieso que ya no tenía paciencia, ni permiso en mi lugar de trabajo, para perder más días en el reinicio del proceso para conseguir una cirugía.

Este año las muelas me han recordado que este no es un juicio que pueda quedar pendiente, así que volví en mayo. La odontóloga me dijo que efectivamente las piezas deben ser extraídas, pero que la cirujana renunció, que vuelva en junio. El 1 de junio fui y me dijeron que seguían sin cirujano, que si quería, podían transferirme a otro hospital , que vuelva al día siguiente. El 2  me dieron una hoja de referencia y me indicaron que fuera a INFORMACIÓN  a pedir un turno para TRANSFERENCIA. En INFORMACIÓN indicaron que como ya eran más de las diez de la mañana debía regresar el lunes 5 de junio. Hoy fui, después de hacer una gran cola, logré que a las 8:28 me dieran un turno, obtuve el 92. La atención es tan lenta que llegué a la ventanilla a las 12:09 y saben qué…el funcionario ingresó unos datos de la hoja de referencia y me dijo: Vuelva el miércoles, de 10:00 a 15:00. Y si le pides un certificado para entregar en tu lugar de trabajo y justificar así la ausencia de toda una mañana,te dicen que no, que eso solo es cuando recibes atención médica.  Lo rescatable del día es que llevé una novela, El daño no es de ayer, de Ignacio Padilla.  Y pues doy fe de que en la espera de un turno se alcanza a leer un libro completo, este tiene 220 páginas.

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