La fiesta del fracaso


De Tinta Ácida Ediciones solicitaron que escriba un comentario sobre el libro La fiesta del fracaso, ópera prima de Ignacio Loor Vera (Calceta, 1993).  En la dedicatoria el autor escribió, con esa letra que a los periodistas casi nos hermana con los médicos, que estamos unidos irremediablemente por el arte de las letras. Debo confesar que el libro me llega en un momento en el que siento que si algo tengo que decir, lo puedo hacer desde el no lugar que es el hilo conductor de este libro de nueve relatos: el jodido fracaso.

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El primer cuento, que no es el que abre el libro, lo escuché de boca del autor en la noche de presentación de la obra, y se me guardó como La vieja Flor, en realidad se llama Inconsciencia. La voz narrativa nos contagia de las ocurrencias de unos muchachos en torno a la vida monótona de una viuda.  El paso de la escuela al colegio, mejor dicho de la niñez a la adolescencia, tiene como evento el Fenómeno de El Niño de 1998. Y luego la catástrofe económica, el feriado bancario. La vieja Flor que salía solo para hacer el mercado, ella, el combustible de las fantasías, de las pesadillas de los muchachos del barrio, refleja la crisis en sus huesos y en el canasto que cada vez carga con menos compras, en sus salidas que se reducen, en su encierro y putrefacción. Es personaje y es metáfora.  El suicidio de la vieja, que tenía sus ahorros en Banco del Progreso, es la tragedia de un país, que no termina de salir de los atracos, que asiste en directo a las noticias de un nuevo festín, como si de verdad la vieja Flor fuera un espectro que regresa.  Al estar este cuento cruzado por sucesos que marcaron la historia del Ecuador, es fácil creer que la vieja Flor existió [ como la señora de los gatos que me despertaba sensaciones parecidas] y dan ganas de preguntar ¿dónde vivía? El autor aclaró que no, en medio de muchos datos reales, ella es una flor de su invención para contar de otra manera, eso que ya nos dijo la prensa.

Si en Inconsciencia el autor nos metió en un docudrama político económico al que como país asistimos, en los otros cuentos logra llevarnos por calles y lugares que conocemos, meternos en una cancha donde jóvenes del Sporting Manta se juegan su futuro. Se agradece a Ignacio esta contribución a las narrativas de ciudad.

El ritmo ágil de los relatos, ocho se narran en primera persona,  la prosa limpia, los personajes bien mostrados a través de lo que hacen, el lenguaje coloquial, su humanidad, son algunas de las características de este libro en el que, estimado lector, no hallará adornos, edulcoraciones, ni felices finales con mensaje. No pidan más de eso, por favor.  Cuando al escritor argentino César Aira se le preguntó: ¿La literatura no tiene utilidad social? El respondió que “si es literatura como arte, no. Los únicos libros que tienen utilidad social son los best sellers, que están llenos de información. Si alguien quiere aprender con las novelas, que lea best sellers. La literatura no te enseña nada más que el placer, el mismo placer que mirar Las meninas. Uno no aprende nada sobre Velázquez”.

Una de las cumbres de la Literatura es, sin duda, el Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, con ella Cervantes inauguró el género de la novela moderna y tiene como centro el fracaso. En los dos tomos, piedras, palos, es lo que reciben el Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero.

Scott Fitzgerald escribió: “Sin duda que la vida entera es un proceso de demolición en el que los golpes que desempeñan la parte dramática del trabajo –los grandes y repentinos golpes que vienen o parecieran venir del exterior, los que uno recuerda, y lo hacen culpar las cosas, los cuales en momentos de debilidad se habla a los amigos– no muestran sus efectos inmediatos. Hay otro tipo de golpe que viene de adentro, y que no se siente hasta que ya es demasiado tarde para impedirlo, hasta que comprende positivamente que de algún modo no volverá a ser el mismo. El primer tipo de quebrantamiento parece ocurrir rápido; el segundo ocurre casi sin que uno lo sepa, pero se le percibe en realidad muy de repente”.

En la fiesta del fracaso, cuento que cierra el libro y que le da nombre, hay un escritor de nulo reconocimiento que escribe cartas desde el lugar que un día escogió para narrar su novela maestra, y que de eso ya nada. Las misivas son invitaciones para reunirse con viejos panas, con quienes comparte la barriga, el vicio del alcohol y el fracaso en general. Y me descubro identificándome, seguro y tengo esa mueca de risallantorisa, me digo. Y si a la fiesta se invitan a los otros personajes del libro, tendríamos para un no carnaval: el fumón que cuando era niño su padre le metió la cabeza en un tanque lleno de agua, y que en el rol de padre lleva a su hijito a la playa y al supermercado, dejándole llenar el carrito para llenarle la ausencia; el hombre “pacífico” que de vez en cuando tiene ataques de ira y mata; las promesas del fútbol arruinadas por la mala suerte y las adicciones; el insomne que encuentra el sueño en su vieja cama de niño; la orfandad; el abandono; el despertar sexual y su vorágine en las relaciones;  la pelea que hay que seguir dando aunque al final toque preguntarse para qué, en fin. Eso sí, no crea que son historias lloronas, el tono usado se permite narrar la crudeza con pulso firme, con ciertos toques de humor y sarcasmo.

-¿Cómo te llamas? – preguntó al fin.

-Rodrigo, ¿y tú?

-Bonito nombre, dijo ella, de galán o de puto, yo me llamo Mariela- dijo y allí supe que todo estaba jodidamente mal, que con una mujer llamada Mariela las cosas no podrían terminar bien.

-Bonito nombre – dije.

Me río de las conclusiones de este personaje. Menos mal que en la dedicatoria de su libro, Ignacio escribió: para Diana, y no para Mariela, y eso que por falta de oportunidades la Mariela que enterré al salir de la u, en la fiesta del fracaso ha bailado menos.

 

 

 

 

 

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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