Ensalada para despedir a Yuliana Marcillo


“No tengo a nadie
en todo el mundo
a quien hablar de ti
sino a ti.
No tengo a nadie”
Juan Antonio Massone

La primera vez que te vi parecías una flor muerta.  Entre el vestido negro y largo,  entre el cabello largo y negro una pálida belleza. Desfilabas a la maldita sea; parca, sin sonrisas, como rogando que el concurso acabe. A la discoteca llegué por error. No recuerdo quién ganó la novatada,  te recuerdo a ti (tú nunca me viste). Te llamabas Yuli.

Oficialmente nos conocimos en el diario La Marea (Manta- Ecuador), semanas antes de su primera edición. Para la fiesta navideña de aquel 2007 no te quedó tiempo para comprar un vestido.  Tu mamá te confeccionó uno: blanco, con brillos, te quedó cortito.  Cuando llegaste al salón, un viejo pensó que eras una de las “sirenas”  de contraportada.  No pude evitar reírme cuando iba detrás preguntándote: ¿usted es la del martes?, ¿o la del jueves?

Con mi ñaña Yuli                               Clandestin@s- foto de Rodolfo Párraga ‘Palermo’

-Yolanda.

Alguien dijo tu segundo nombre en la redacción, hiciste una mueca. Te dije que me encantaría llamarme así, para ser eternamente la Yolanda de Silvio.  Y así es como te fue entrando la trova.

Rasgado el telón de la inocencia me sentí culpable, por no advertirte de que las luces lastiman, de que la magia es peligrosa. Entre nos, tú eres la mayor, y no hablo de la edad.

Me rescataste en y a mar abierto.

Me enseñaste que no debería haber mujeres buenas, tiernas, ni pendejas.

¡Hemos pasado tantos aguaceros!

¡Soledumbres!

Hemos bebido como camellos (tú más que yo)

Nos hemos confesado más que beatas

Autostop, fogatas, canciones, films.

¡Cuánta comida!

¡Cuánta poesía!

amigas

Gracias por financiar mis vacaciones, olvidé que en el Caribe hay huracanes.
Gracias por no decir te lo dije.
Gracias por confiar en que te pagaría,  cuando renuncié al puesto público. Ñaña,  freelanceando visité lagunas de mierda, incluso allí hay garzas blancas.

Me gustaría quitarte el miedo a los aviones, o siempre agarrarte de la mano que suda. Y si piensan que somos lesbianas, já. Allá los que no entienden de amistad.

No te preocupes por mí. Ya sabes que, en soledades crónicas, lloro en cementerios por los vivos,  vivísimos. Todo irá bien ñaña.  Llegarás al frío en tiempo de guaguas de pan y colada morada.

Que cada hoy la existencia te mime.

Abrazos de esta “mujer mínima”

Diana

P.D.  Te seguí el consejo, ese que me dabas, con malicia y entre risas, en la cocina. Cuando vuelvas te contaré, cuando vuelvas.

Escrito en octubre de 2013

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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