La Hora del adiós


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Las muertes anunciadas también duelen. Al ver la publicación de despedida de La Hora- Manabí no he  podido contener las lágrimas. Disculpen, pero necesito llorar como en mi pueblo, narrando.

La Hora fue mi casa y el empleo del cual más me dolió marcharme (y vaya que mi vida está llena de renuncias). Recuerdo que Freddy Solórzano, periodista de Ediasa, me consiguió una entrevista con Allen Panchana, editor de La Hora, el último día de mayo de 2005.  Llegué en la mañana a la redacción de Portoviejo y, tras la prueba, me quedé trabajando hasta la noche. De este primer día no olvido la emoción de un reportero de roja que pedía lo transporten hasta la zona sur de la provincia, donde un bus de la cooperativa Reales Tamarindos se había accidentado. Agitado y feliz se marchó de cobertura. Más tarde supe los detalles de la tragedia: 17 muertos y 14 heridos. Ese no era el periodismo que yo quería hacer. Me prometí no caer tan bajo.

Allen me permitió crear una página dedicada a la información cultural, era el terreno conocido; antes de ejercer el periodismo fui parte de un grupo de teatro de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí. Como escribía notas culturales, siempre me dejaban sin carro, sin fotógrafo, una suerte de bullying de sección. Pese a estas cosas, fui muy feliz de tener un espacio diario para hablar de arte.
En las redacciones siempre hay cambios. Cuando llegó Máximo García y Gustavo Franco, los nuevos editores, se me sacó de Escenarios (así se llamaba la página, a cargo de otras periodistas se mantuvo varios años). Me mandaron a hacer notas de ciudad, al principio me resistí, argumentando
que fui contratada para Cultura, vano intento. Terminé agarrándole el gusto hasta al basurero de San Juan de Manta.

En aquel tiempo, la reunión de la mañana era sagrada, importaba la primicia, pero más importaba el argumento, hacer seguimiento de las notas, investigar, dar un golpe…No imperaba el vergonzoso reino de los boletines.
Cuando repaso esos días, es inevitable pensar que esa mezcla de pasión por lo que haces y unas dosis de ego logra maravillas. El cuchitril ( eso fue largo tiempo la redacción de Manta) no tenía reloj biométrico y sin embargo, llegábamos temprano y nos íbamos muy noche. No crean que era por el pago de horas extras; antes del Mandato Laboral no estábamos ni afiliados al IEES. Era amor (masoquismo si quieren), respeto por el oficio.

Para La Hora cubrí los últimos meses de la redacción de nuestra Carta Magna, allá en Montecristi, esa “del canto a la vida”, esa Constitución democrática que reconoce los derechos hasta de la naturaleza, la que expresa en un artículo (57) que explotar zona intangible, territorio de pueblos no contactados, es delito de etnocidio. Confieso que el día que se la aprobó en el pleno de la Constituyente,y cuando el pueblo dijo Sí, celebré. Estaba llena de esperanza.

¡Ay, madre tierra!

Lo que más disfruté en La Hora no fue la edición, ni hacer la sección de Cultura que ciertamente me gustaba. Lo mejor fue escribir crónicas. Los diarios manabitas poco apuestan por este género.
Y aunque mi relación laboral con La Hora no terminó bien ( tuvo que intervenir la Inspectoría de Trabajo para que me paguen la liquidación),
me entristece el fin de la publicación en Manabí. ¡Carajo!, el cierre de un diario no es cualquier cosa, no es algo que afecte solo a los dueños o a sus trabajadores, la sociedad entera pierde.
Últimamente, no he estado al tanto de la situación de La Hora, mas sé por experiencia que los problemas administrativos (locales) datan de varios años.
Con toda franqueza, a pesar de los pesares, doy gracias a Juana López, Gabriela y Francisco Vivanco por la oportunidad que me dieron para ser reportera, corresponsal y editora de la regional manabita.
La Hora fue mi escuela y allí hice grandes amigos. Hoy los abrazo a todos y les agradezco. Hoy que me invade la desesperanza, hoy que estoy cansada de los boletines y hambrienta de Periodismo, hoy que ya ni los niños tienen rostro en los diarios (no me refiero a sucesos, ni situaciones de riesgo), hoy que hay sueldos dignos para periodistas y condiciones adversas para ejercer “el mejor oficio del mundo”, hoy que he salido de la zona cómoda de las RRPP y trato de recuperar una voz, mi voz.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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2 respuestas a La Hora del adiós

  1. Vivian dijo:

    Sabias palabras. Me agrada tu gratitud. El punto de vista positivo ante las adversidades.

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