La tragedia rueda en Membrillal


En Membrillal  solo se habla de muerte.  Cada familia teje a su manera el relato relacionado al accidente de tránsito en que murió Lorenzo Menoscal, un cazador de venados.  Los supersticiosos dicen  que se cumplió aquello de <<en domingo siete ni te cases ni te embarques>>.
Los habitantes de esta parroquia rural acostumbran viajar los domingos a Jipijapa (al sur de Manabí – Ecuador) para vender sus productos y proveerse de víveres para la semana, medicinas y otros artículos.  Lo común es regresar en el mismo carro en que se embarcan para salir a la cabecera cantonal.  Aquel 7 de julio, Lorenzo salió en un bus y contrario a la costumbre decidió regresar en La Gosina; el camión más viejo para transporte de carga y pasajeros, marca Ford, placas MVW 6-70.  No sé por qué La Gosina era el carro favorito de mi padre, cada vez que iba de visita  le suplicaba (en vano)  que ya no viaje allí,  le hablaba de que en las tragedias también tiene culpa el que se sube en estas chatarras. Ese domingo papá decidió viajar en una chiva denominada La balanza, se lo anunció a mi madre al amanecer, pero La Gosina llegó a casa sin ser llamada, se estacionó, pitó. Papá terminó embarcándose.

La Gosina

Viajar en La Gosina era vivir un traqueteo de horror.  Para llegar a Membrillal hay dos caminos, el oficial tiene 14 kilómetros (desde Sancán), está asfaltado, hay curvas y lomas.  El camino viejo es de herradura, más largo y bajo,  por precaución era el que tomaba La Gosina.  Pero aquel domingo  este carro viejísimo corrió por las lomas, intentó rebasar a un bus, perdió la guía, y a las 12h40  cayó a un hueco. Ocurrió a 100 metros (aprox.) del lugar donde en el 2010 se accidentó una chiva, entonces murieron dos madres.

camiónDe causalidad pasé por el lugar del accidente a pocos minutos de sucedido.  Horas antes ingresé a Membrillal con tres periodistas a realizar una investigación sobre un bien cultural, ya regresábamos cuando vi el gentío y parte de La Gosina.  Corrí gritando papá, papá, papá.  Fueron segundos en los que vi caras conocidas sin reconocerlas. A papi lo encontré sentado en un muro de tierra, aturdido, intentando hacer una llamada.  Apenas tenía un rasguño. Al caer recogió las piernas, se aferró a una madera, entrecruzó los brazos.

Llamé a mi hermano para darle la noticia en el tono menos trágico, le rogué que le haga saber a mi madre del accidente, que empezara diciendo que papi estaba vivo, para protegerle el corazón.

Otros pasajeros cuentan que Wilfrido Toala, el chofer apodado Gosino o Gulfo, junto a un hijo ayudó a sacar a los viajeros, solo cuando se dio cuenta de que faltaba uno, emprendió la huida por el cauce de un río seco, fue perseguido por familiares del fallecido,  en el forcejeo perdió la camisa. La Policía tardó una hora en llegar, pese a que hay UPC a la entrada de la parroquia y en Sancán.

***

El accidente dejó un muerto y nueve personas con heridas leves, pero en la comunidad las noticias hablaban de mutilados, de varios muertos. No faltó quien fuera a casa a asegurarle a mi madre que papá “estaba aplastado”.  Por suerte mamá estaba con mi hermana, ella se aseguró de que tomara la pastilla de la presión y un calmante natural, manejó la crisis.

” Se corrió la voz de que yo estaba muerto, hecho guaño, esos rumores llegaron hasta mis familiares que viven en Guayaquil. Aquel día no viajaba en La Gosina, no sé de dónde sacaron esto”, comenta Pedro Soledispa.

UPCAyer en el funeral encontré llorando a Ana María Menoscal, pariente de Lorenzo. Ella perdió a su hermana Cecilia en el accidente ocurrido en el 2010.  César Chalá, profesor de escuela, despidió entre lágrimas a Lorenzo.  A viva voz dijo que Don Gulfo no salió a matar,  agregó: los carros viejos deben circular por el bajo.Cuando alguien muere en Membrillal la solidaridad florece. Los que viven en otras ciudades se esfuerzan por volver a la comunidad, aunque el muerto no haya sido pariente, o amigo. Rumalda Reyes llegó desde Jipijapa, en el cementerio comentó que su padre, Hilarión Reyes, murió en diciembre de 1999, aquella vez se volcó  una chiva llamada La Mula, iba con exceso de carga y de pasajeros.  “Hoy se le partió algo a la chiva en que llegué aquí, pasamos tremendo susto. Estos carros están demasiado viejos”

Recuerdo que Hilarión tenía los ojos azules.  Mi padre se los recogió de la tierra donde quedaron.  Ese día murió también Manuel Parrales, papá de un compañero de colegio. Cada vez que suceden estas tragedias me pregunto ¿quién o quiénes son los responsables?

¿Las autoridades que permiten la circulación de estos carros viejos?

¿Los usuarios que se arriesgan?

La respuesta común a esta segunda pregunta es: entonces en qué viajamos, todos los carros están en malas condiciones.

El domingo 7 una familia perdió a un padre. El domingo 7 en ese accidente casi pierdo al mío (excepto dos pasajeros que se lanzaron, todos los viajeros cayeron dentro del camión). El domingo 7 los rumores pudieron dañar el corazón de mi madre. Es hora de parar, de asumir responsabilidades, más allá de supersticiones, es un asunto de vida o muerte.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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