El duende que vestía de azul celeste


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Para Helena

Manta.- Ecuador. Se ríe de la forma en la que él vestía cuando llegaba a cortejarla.  “Combinaba, la camisita, el pantaloncito, los zapatitos y el gorrito con los colores celeste y azul”.  Le dice Duende porque nunca le preguntó su nombre, tampoco dónde queda la morada que  le ofrecía para ser felices como en los cuentos de hadas. Iniciaban los 90,  Miriam Moreira tenía 18 años y el cabello hasta la cintura.

Cuenta que una mañana, no hay fecha en su memoria, conversaba con su hermana de 17 años en la casa de sus padres, en la avenida 35 y calle 5. “De pronto entró un  niño blanconcito, de aproximadamente tres años, cabellito negro, agarradito, bien lindo que me quedó mirando y se sonrió. Fui a cogerlo y salió corriendo hacia el patio sin cerramiento que conducía a un barranco. Lo seguí hasta que mi hermana me agarró y dijo  ¿qué te pasa?,  ¿no ves que no hay nada?”.  Así se abrió este capítulo en la vida de una mujer que estrenaba la mayoría de edad.

Lo siguiente fue una sombra grande a los pies de su cama. La distinguió con la pesadez del sueño y volvió a cerrar los ojos.

En otra ocasión sintió un zarpazo en la espalda, justo cuando su enamorado la abrazaba.

– Estas loca, le  gritó su novio cuando ella rechazó el abrazo.

“Mi hermana me levantó la blusa y tenía las huellas de unas uñas finísimas”.

Miriam cuenta que ‘esa cosa no definida’ la perseguía de un barrio a otro y que hasta se hizo pasar por su novio.  “Mi padrastro  nos pidió que limpiáramos una casa a la que planeábamos mudarnos, al entrar a un cuarto encontré en un banco a mi novio, él  me gritó: lárgate. Después lo encontré conversando con mi madre en el patio, intentó abrazarme, yo lo rechacé y le reclamé por su mal comportamiento. Ambos me juraron que nunca habían ingresado a la casa.
Miriam relata que dejó de salir y que el desasosiego la secó. Lo inexplicable para ella tenía causa y efecto en el vecindario. “Decían que el encierro y la falta de apetito era porque estaba embarazada, otros que me había comido el niño y que el aborto me tenía flaquita. Los más viejos dijeron que el duende me quería llevar porque le gustan las mujeres de cabello largo”.  Un mes y medio después de la aparición de la sombra en su dormitorio Miriam decidió probar si los viejos tenían razón.
Su hermana le suplicaba que no lo llamara, pero ella dijo “Duende quiero conocerte” y él apareció – la interrumpo para pedirle que mientras conversamos lo dibuje-  ella pide una hoja y un lápiz mientras me adelanta que medía un poquito más de un metro, que tenía la voz vieja.  “Era trigueño, la piel gruesa y arrugadita, las uñas largas, los dientes en punta y cariados, los ojos cafés y la parte que nosotros tenemos blanca era roja, el pelo negro y lacio le llegaba hasta los hombros, los pies eran como de pingüino y en lugar del zapato de hebillas usaba escarpines en punta celeste- azul o azul -celeste como todos sus atuendos”.
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– ¿Apareció?- preguntó su hermana.
– Sí.
-¿Adónde que no lo veo?
– Detrás de ti.
Este diálogo es inolvidable para Miriam porque asegura se repetía con todos sus parientes quienes no podían ver a ese hombrecillo que hasta levitaba.
A los rasguños se sumaron moretones en las piernas. Para evitar que el duende la gozara la hacían dormir en medio de sus dos hermanos púberes.  A la hora de comer,  la familia cubría con los brazos el plato porque, según la creencia, si el duende escupe la comida logra llevarse a la elegida.
Le recomendaron que fuera a la iglesia a buscar la ayuda de un sacerdote.  “El día que salí rumbo al templo de Santa Martha los vecinos me rodeaban, recuerdo que había muchos niños acompañándome  y que las piernas se me doblaban del dolor. Me senté en un tronco y unas señoras me alentaron a seguir, me dijeron que todo eso lo hacía el duende para que no lograra llegar a donde él no puede entrar”.

-¿Llegó?
–  Sí (responde con una mueca)
-¿Qué pasó?
–   Al llegar a la iglesia se me quitó el dolor, pero el cura me dijo que ese duende vivía en mi imaginación.  Me dio mucho coraje, le dije GRACIAS y regresé a casa.

Miriam avanza en el dibujo y narra que su novio se alejó por temor al duende.  La historia de su extraño pretendiente se popularizó en los barrios.  Los ‘entendidos’ le explicaron que el duende es asquiento y que para liberarse  debía hacer algo repulsivo, algo así como comer en una bacinilla para que él  crea que ella ingería excremento.
Miriam preparó un dulce de guineo y cuando la mazamorra negruzca estuvo lista la puso en una bandejita, se metió al baño, se bajó el calzón y acercó su trasero al recipiente, después lo llamó para anunciarle que estaba lista para irse con él.
“Cuando apareció le dije:  si me llevas debes saber que como esto.  Él dijo que no era cierto porque me había visto comer otras cosas,  yo metí la cuchara, él gritaba nooooo y cuando me acercaba el dulce a la boca la cuchara se me doblaba, cuando pude comer algo se puso furioso, me gritó puerca, cochina, no te quiero ya nunca más me volverás a ver y se desvaneció. No sé por qué, tal vez de nervios, yo empecé a llorar”.

Miriam me entrega el dibujo delante de su hija de 13 años, en la sala de su casa ubicada en la calle 5 y avenida 33 del barrio Santa Martha.  “Así era yo a mis 18”- me dice con una sonrisa. Agrega que también tenía el cabello hasta la cintura, pero que un día antes se lo cortó.

-¿Por qué?, pregunto pensando en el duende.
– Porque ya no soportaba las horquillas.
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Extra

  •  Desapareció el duende y Miriam se casó con su novio,  tuvo cuatro hijos.
  • Uno de sus hijos falleció con dengue hemorrágico.
  • Luego se comprometió con otra persona.
  • En la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí se graduó de abogada.
  • En su relato no aparecen psicólogos.
  • Cuando conversamos, Miriam tenía 34 años. Dijo estar en plenas facultades mentales para reconocer que ella fue la chica de Manta que fue acosada por un duende.

    Texto publicado en diario La Hora – Manabí  en enero de 2009.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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