Respiración boca a boca


Esta madrugada fui caminando sola hacia la playa El Murciélago (Manta – Ecuador).  Necesitaba ver el amanecer, respirar aire yodado, lavarme con sal la sal…en el trayecto me dijeron buenos días dos comerciantes de cebollas coloradas, luego el silencio, la quietud propia del alba.

En el tramo final de la calle 20 que lleva al Malecón varias personas (no recuerdo cuántas- quizás cinco) rodeaban el cuerpo de una mujer desmayada en ropa deportiva.  Una señora dijo que caminaba sola cuando se desplomó,  entonces le dio los primeros auxilios hasta que respiró y volvió a quedarse como muerta.  Un señor hizo la llamada de emergencia, nadie la conocía.  Ahora el grupo esperaba…

Me arrodillé y le di respiración boca a boca mientras una mujer le masajeaba el corazón. Nunca lo había hecho, pero ahí estaba intentándolo, sin pensar mucho, la verdad sin pensar. Tras varios intentos respiró un poco y volvió al estado inconsciente. Le metí más aire, movió la cabeza, emitió un quejido y llegaron los bomberos. No sé cómo será en otras ciudades, pero en Manta la ambulancia de los bomberos es la que llega primero ante cualquier emergencia. Cuando la ubicaban en la camilla, llegaron varias compañeras de la bailoterapia, tampoco sabían su nombre, mas se ofrecieron para acompañarla al hospital.

En el Malecón no bailaron esta mañana, apenas se escuchó el murmullo “hoy se desmayó una compañera que venía solita, creo que se infartó”.

Caminé por la arena, por las piedras pensando en la mujer que ayudé a respirar.  ¿Querrá vivir?, supongo que sí, es alguien que acostumbra iniciar el día bailando.  ¿Cuántas cosas suponemos en la vida?

El martes fui a la playa con mi hermana, encontré un pez herido entre las piedras de Barbasquillo, lo tomé en la mano y corriendo entré al mar, se lo entregué a ella que estaba ya en el agua,  lo puso entre las olas y lo condujo hasta que pudiera nadar sin lastimarse en las rocas ¡Qué difícil es arrear un pez!, me dijo. El mes pasado encontramos un caballito de mar tirado en la arena, me di cuenta que estaba vivo. No cargábamos ropa de baño, pero no importó. Lo llevé entre las olas para que tome fuerzas y se lo entregué a un surfista que lo puso a buen recaudo.

¿Habrá sobrevivido el pez?, quizás se lo comió una gaviota.

¿Qué pasó con la señora? ¿Cuál es su historia personal?-No sé.

Lavando mi rostro en Barbasquillo pensé:  si en lugar de ella,  yo me desplomaba al alba preferiría que no pasen bocas salvavidas.  El aire entra, el aire sale.

 

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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Una respuesta a Respiración boca a boca

  1. MARCIA ARLEN PEÑA dijo:

    Wow!!! Te has convertido en una heroína salvandose a sí misma, no hay q desaprovechar los caminos que abren ….abrazo cariñoso

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