Veteranas del placer


Portoviejo.  Usa los ternos que ella cose. La falda deja ver apenas los vellos de su pantorrilla, en la blusa no hay lugar para el escote. Lo único desnudo es su cuello arrugado que adorna con dos cadenas bañadas en oro,  de una cuelga un dije, la letra E. Ella es Elizabeth, la dama de la parada de bus del parque Eloy Alfaro.  No se junta con las trabajadoras sexuales del parque porque no le gusta lo que la mayoría hace :beber vestir  adefesiosa y tener la boca sucia . Para los que no frecuentan el lugar , ella es una señora que espera sentada a que el bus la recoja. Asegura tener 44 años, su cara ajada, sugiere mayor edad.

Cuenta que su esposo murió en febrero de 2006 del mal de chagas. Eso la empujó a dejar  El Cady – sitio de la parroquia Colón de Portoviejo- y  viajar con su niño a esta ciudad a casa de unos parientes.

“Al mes de la muerte de mi esposo,  vine al parque a ver pasar los carros para distraerme. Alguien me solicitó, no me negué porque mi hambre y la de mi hijo no me lo permitieron”

A la parada de bus llega pasada las 13:00.Antes no, porque debe preparar el almuerzo para su hijo de 12 años. Dice que es duro competir con las jóvenes y sus ropas insinuantes, pero no se subirá ni un centímetro la falda.  También niega besos en la boca y pasar con  un cliente más de media hora. “Por esta razón he perdido varios puntos  (relaciones sexuales)”. A sus solicitantes les mira bien la cara para no ser víctima de robo. Es que en cada encuentro se quita la ropa, pero no las cadenas. Elizabeth aprendió desde muchacha el oficio de corte y confección. Comenta que al tieeemmmpo le cae una costura porque resulta más barato comprar la ropa lista. Esta semana tiene que esmerarse en subir la puntuación para comprar tela y cumplir con un encargo.

***

Ofelia se sienta en una banca del parque, frente a la cripta de la Catedral Metropolitana, dice que allí reposan los restos de la que fue su patrona , la mujer a quien sirvió como doméstica. La quiso mucho.

Ella tiene 62 años y ríe al comentar que su ex marido está viejititito

–          Tiene 98 años y lo asiste una de nuestras hijas.

Cuenta que lo dejó hace 28 años, porque él vendía todo para consumir aguardiente . Hasta las mejores gallinas marcharon con el vicio.

Ofelia tiene  nueve hijos y es bisabuela, asegura que la menopausia no ha resecado su vagina y que no está en la prostitución por necesidad económica “Mis hijos me dan dinero”. Se entrega para dejar momentáneamente sola a la soledad. Igual que sus clientes busca placer. Está resuelta a no comprometerse, porque no va a dejar que un hombre “le joda la vida”. Tampoco aceptará pasar sus últimos años lavando ropa, sirviendo sin sueldo. Lo dice con una sonrisa a la  que faltan dientes incisivos. A diferencia de Elizabeth, ella no niega los besos

–          Es que los hombres dicen que sin beso no hay amor.

Tampoco rechaza al que no quiere usar condón. Los únicos que encuentran restricciones en sus piernas son los borrachos que “andan hediondísimos”.

Ofelia cobra el punto a cinco dólares. Lamenta que el dueño de la residencial se haga acreedor a uno o dos dólares cada vez que ella solicita una cama. Para ahorrar escoge las habitaciones que no tienen baño, aquellas donde se acuesta sobre colchonetas de gimnasia. Cuando ve que la mujer de otra banca es muy solicitada , abre sus ojos bien redondos y exclama “ya se le nota la barriga y eso que hace ocho meses parió”

***

A Gloria la edad la arrojó a la calle.  Trabajó desde los 20 años en  prostíbulos de Manta , Jipijapa, Bahía de Caráquez , 24 de Mayo, Chone hasta que los portones de los chongos se le cerraron por gorda y veterana. Tiene 43 y aún es fértil. Los cinco meses de embarazo que lleva lo confirman.  Cuenta que tiene cuatro hijos y que el menor es un bebé de ocho meses.  Se jacta de que trabajó  hasta un día antes del parto.

-Nunca conocí a mis padres porque murieron cuando yo era muy pequeña.  Solo fui a primer grado de escuela y cuando mi esposo murió no sabía cómo mantener a los tres niños que me dejó.

Gloria narra que una amiga la invitó a trabajar en prostíbulos, que decidirse a vender su cuerpo fue difícil.

–          Acudía al chongo, pero cuando veía que alguien se acercaba a mi puerta salía corriendo.

Ella aprendió que la vergüenza se muere con la costumbre.

-Con el tiempo, en el cabaret me sentía segura , pero cuando no me quedó otra opción que venir al parque hasta me escondía detrás de los postes para no ser reconocida.

Ahora está habituada, no le importa que la vean ir y venir de la residencial, con su embarazo a bordo.

Publicada en diario La Hora -Manabí,  viernes 21 de noviembre de 2008.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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