LOS ÁNGELES INVASORES


 Manta. Esperamos el invierno para volver a Los Ángeles.  La última vez nos gritaron  que el terreno  invadido no era zona de riesgo, que ese era un cuento de la prensa. El fotógrafo me dijo al marcharnos:  cuando llueva sabrás dónde buscar noticias.

El martes llovió en  la madrugada, sin truenos, relámpagos ni gotas gordas. Al mediodía cuando retornamos a Los Ángeles  el sol  había evaporada las charcas. Acordamos regresar sólo después o durante una tormenta. Pero no fue un aguacero el que nos hizo retornar, fue la ley y no la naturaleza la que dejó sin techos ni paredes a más de 200 familias. La invasión fue invadida el miércoles en la mañana por 400 policías. De lejos parecía real la afirmación del comandante de Policía y del intendente Alfredo Poggi, que cada familia desarmaba por cuenta propia las piezas de cartón, caña, lata, plástico y madera de sus casas.
Mientras avanzaba, el esqueleto de una casa se desplomó detrás de mí. No me asustó el crujir de la caña, sí el grito grupal   güey, güey, güey,  güey de muchachos sin camisa complacidos por la destrucción. Rodeada  de sus trastos de cocina una señora indicaba:

-Esos pandilleros no viven aquí, fueron contratados por los dueños del terreno para destruir las casas que están solas, porque la gente ha salido a trabajar.

Los muchachos no dijeron quién los contrató. Lo que sí dijeron fue que por esa movida les pagaron diez dólares. También añadieron sapa, esclava del periódico.

Una mujer delgada, de 74 años, alzaba eufórica los brazos alertando que una anciana no quería salir de casa.

–          Sáquenla así sea en peso, estoy segura que si yo fuera la invasora me sacarían.

No hicieron falta las presentaciones, supe que era Filomena Guidotti, la dueña de las tierras. Ella me deletreó su apellido  y explicó que era italiano. Relató que Juan Aliatis, quien fue su esposo, le dejó para ella y sus hijos más de seis hectáreas de terreno. Triunfante señaló que tres papeles le sirvieron para que la Gobernación le haga justicia: escritura, certificado al día del pago de Impuestos por predios urbanos y del Cuerpo de Bomberos. Su hijo fue quien contrató los muchachos  para el desalojo.

***

El resplandor y la humedad de la tierra sofocaban. Del otro lado de la invasión, separada apenas por una calle de tierra, un grupo de policías se amontonaba frente a las rejas de la ventana de una mini tienda para comprar agua o algún refresco. De ese lado, desde una villa salían con fuerza baladas añejas. Esa banda sonora acompañó a Jéssica Saltos mientras  buscaba su tina de lavar ropa debajo de los escombros. Ella tenía pocas cosas porque sólo llegaba a pasar el día para cuidar.

-Vine porque dijeron que había terrenos disponibles para coger.

Los niños Beatriz y Rody Franco salvaron un oso de peluche y a su mascota .Sentada en el colchón que colocaron en la tierra, Beatriz abrazó a  su perrito runa para que no tenga miedo. Una pala mecánica empujaba la desolación y Flora Perlaza comprobó que fue bueno abandonar  tres meses atrás estas tierras.

-Cuatro meses pasé cuidando el terreno, pero hablé con doña Filomena y ella me advirtió que no quería hacerme daño, que me fuera.

Flora es de Esmeraldas, vive en Manta desde hace 25 años y está resuelta a no seguir alquilando vivienda. Después de los Ángeles,  invadió a pocas cuadras un terreno ubicado junto a los muros de gavión que encausan el río Manta.

***

A las 12:30 el fuego se comió parte de los escombros y al día siguiente los carboneros de San Juan llegaron a buscar leña. Pensé que era el final de los ángeles invasores, pero ayer- después del aguacero de la mañana – encontré a cuatro familias plantadas en la inundación.   El sector está cercado con estacas y  alambre de púas. El espacio donde Beatriz mimaba a su perro, donde Jéssica buscaba su tina, parecía un arrozal.

Juan Carlos Ross caminó hacia mí hundiendo en el lodo sus botas de caucho amarillas. Comentó que la anciana rebelde es su abuela y que Filomena Guidotti decidió donarle un espacio.  La noche del viernes la lluvia no los dejó dormir porque la casa no tenía techo, y por la correntada que los inundó se ahogó un pollito.

Juan Carlos nos informó que otra familia logró quedarse a cambio de que el jefe de hogar sea el guardia del sector, el espanta invasores. En los otros casos desconozco cuál fue el arreglo. La única certeza es que el invierno nos llevará de vuelta.

Adicionales

  • La invasión  Los Ángeles se situó frente al barrio 15 de Septiembre.
  • José España, el abogado que les aseguró a los invasores que con un Amparo de Posesión nadie los sacaría, fue detenido y horas después puesto en libertad.
  • Quienes habitaron Los Ángeles se sienten estafados por una señora a la que llaman “Meche”, quien periódicamente les pedía dinero para mejorar del lugar. Ella fugó y tiene orden de captura.

Publicada en diario La Hora el domingo 18 de enero de 2009.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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