Una sesión con Max


Manta. Pido que me lleve hasta el curandero de El Palmar y el chofer no me pregunta lo que acostumbra   “¿dónde queda exactamente?, verá que el barrio es grande”.  En su silencio confirmo lo que una mujer me dijo el otro día: cualquiera conoce.

Un programa televisivo de chismes acompaña a un grupo de personas en una salita. Huele a canela y a infusión de hierbas, el olor es lo único que diferencia a este lugar de una casa convencional. Una muchacha, con cara de haber esperado mucho,  me dice que debo anunciarme con Angélica, la asistente del ‘doctor’. Sigo el consejo y explico que trabajo en un periódico y que quiero conversar con él.

-No le puedo interrumpir porque está concentrado. Es difícil que la atienda, tiene muchos pacientes y aún no almuerza.

El reloj de pared marca las cuatro de la tarde

Llega una señora y saluda a la asistente con familiaridad. Le pide un  ‘turnito’ porque tiene un paciente de Chone. La señora se llama Carmen Mendoza y tiene mucha fe en el  ‘Dr Max ‘ porque la libró de ‘un malestar’ que la recorría desde la cintura hacia arriba.

–          A ojos cerrados y con una piedra me diagnosticó que padecía de la enfermedad de la mujer. En tres sesiones se acabó la menopausia.

Carmen habla también de una amiga que tenía dolores de cabeza.

-Ella estaba bajeada de muerto, el espíritu de su madre la consumía.

La puerta se entreabre y cuatro corren a rogar que los atienda. Me sumo al grupo y sin mayor esfuerzo entro al consultorio.

-¿Usted es Max?, pregunto porque el señor que está detrás del escritorio no tiene pinta de brujo.

-Me llamo  Max Cahuasqui y no soy brujo ni doctor.

-¿Qué es?

– Soy yaccha, es decir un canalizador de energía. No digo que soy shaman porque ese término no es propio de mi raza, es muy general.

-¿Qué puede y qué no puede hacer?

-Soy un removedor de fe. Nadie tiene poderes sobrenaturales. Lo que hago es practicar la percepción tocando las manos. Así he detectado por ejemplo el sida a pacientes que vienen buscando sanación, pero que no me cuentan ese detalle.

-Con esos pacientes… ¿qué hace?

Les hago una limpieza espiritual, les receto Birm y los mando a que vayan a una casa de salud para que les controlen la enfermedad con antirretroviarales.

-¿Entonces, los poderes de sanación que le atribuyen son irreales?

-Al remover la fe el paciente mentalmente se ayuda y enfrenta de otra forma la enfermedad. Con medicina natural y baños de limpieza (hay otros de florecimiento) he logrado mantener por un par de años a enfermos que los médicos daban dos meses de vida. También puedo trasladarme mentalmente a cualquier lugar para atender un persona con solo tener el nombre. Es lo que se conoce como viaje astral.

Max es otavaleño y llegó a Manta en su niñez porque su padre era jefe de seguridad del dispensario que el IESS tiene en Los Esteros. Estudió en los colegios Bahía de Manta y 5 de Junio. En la Uleam llegó hasta tercer año de comunicación . Ahora cursa a distancia el quinto semestre de Naturopatía en un instituto avalado por la Universidad Estatal de Guadalajara (México).

Tiene 33 años y recuerda que cuando tenía 15 su abuelo, que era yaccha, lo inició. Max es casado con una chonera y tiene dos hijos . Asegura que  uno de ellos, de 10 años, ya empezó a curar.

***

Sobre el escritorio hay un envase de aerosol con figuras de monedas y apaches. Max advierte que miro el objeto y presiona el atomizador. “Huele rico a canela, no vendo estas cosas, me lo regalaron en Estados Unidos”.

Antes de que le pregunte me dice que fue a realizarse una operación muy delicada.

-¿Cirugía espiritual o con bisturí?

-Con bisturí, pero no quiero hablar de eso.

Tampoco accede a que presencie una sesión. El único camino para saber es convirtiéndome en su paciente. Cerré los ojos y le di mis manos. Sentí un vientito caliente cuando me las apretó. Hizo un diagnóstico  general, muy general , de mi situación laboral, familiar, afectiva. Acertó al decir que últimamente se me olvidan las cosas. Al terminar la lectura de cada aspecto de mi vida daba un golpecito sobre mi mano y preguntaba ¿sí o no?

–          Tienes un resentimiento con papá o con mamá que te hace mucho daño, ¿sí o no?

–          No

Insistió y me dijo que fuera nueve años atrás. Busqué en mi adolescencia y no hallé nada. Me ordenó que abriera los ojos y repitió “tienes un resentimiento desde hace nueve años, te lo dejo de tarea”.

En el carro, a la hora de la cena, en la madrugada, mientras escribo, trato de encontrar ese rencor filial, pero no obtengo resultados. Es que últimamente se me olvidan las cosas.

Publicada en el diario La Hora -Manabí,  el 14 de diciembre de 2008.

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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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