Fútbol a ciegas


Luz María Mendoza estaba tendiendo ropa. Cuando le dije quien era me invitó a pasar.
-Tenemos que conversar en la cocina porque estoy haciendo una menestra.
Ya adentro comentó:
-Se parece mucho a su hermana.
-¡Luz María! ¿Entonces usted sí ve?
-Veo bultos, respondió.
Y yo sin saber qué decir, dejé que me tocara la barbilla mientras comentaba:
– De verdad, veo que se parecen mucho.
Ella me pidió que le echara más agua a los frijoles. Seguí la corriente hasta que señaló:

-Yo le hago granos a Pipo porque tienen hierro, eso es alimento, le preparo de varias maneras aunque él se ponga un poquito bravo. Las lentejas y los frejoles lo ayudarán a rendir bien en los partidos de fútbol, y a soportar las jugadas diarias. Ya sabe, el trabajo es duro.

– Veo que usted está de acuerdo con que Pipo sea pelotero- , para entonces había enterrado el mito de que el verbo “ver” no se usa con los invidentes.

– Toca. En febrero de este año, antes de que me decidiera a vivir con él, me aclaró que muchos fines de semana son para jugar pelota, y punto.

Luz María no me habló de cómo son los partidos porque nunca ha jugado uno, tampoco ha estado en las gradas alentando a nadie. Ella se limitó a contar lo que sabe con fervor de recién casada moderna:
-“Las camisetas traen un olor concentrado, pero no me hago problemas, las meto a la lavadora.

***
La noche anterior al partido investigué en Internet sobre el fútbol de ciegos o blind football. Encontré un manual completo (léase repleto). Aprendí que juegan con un balón lleno de cápsulas sonoras, cada partido dura 25 minutos con una pausa de 10 minutos, hay dos árbitros uno principal y otro asistente, y si es necesario habrá un tercero. En cada equipo hay cuatro jugadores que no ven y uno que sí (el arquero), el equipamiento básico obligatorio de un jugador consiste en una camiseta, pantaloneta, medias, canilleras, calzado de lona o cuero blando, para algunos jugadores -los que tengan prótesis- es necesario un parche ocular en cada ojo, y un antifaz de tela absorbente con protección acolchada en la zona frontal y parietal.

También encontré que, detrás de las metas, habrá una zona libre de obstáculos para el desplazamiento del guía, Se compite en dos categorías, los B1 son aquellos totalmente ciegos (o casi casi), desde no percepción de luz a percepción de luz, pero inhabilidad para reconocer la forma de una mano. Los B2 son parcialmente videntes, capaces de reconocer una mano; hasta una agudeza visual de 2/60 o un campo visual de menos de 5 grados. ¿Qué será 2/60? Poco a poco se iban acumulando nubes de dudas que ensombrecieron mi visión sobre el asunto.

15 de mayo: 14:45
Antes de que empiece la acción en la cancha de cemento del barrio Altamira, al norte de Manta, me acerqué a dos jugadores de peso:
Pípito Milton Toala (Pipo), 98 kilos
Segundo Nazael García, 100 kilos

Todos calentaron bajo un sol cancerígeno. El entrenador, Johnny Zavala, los hizo agachar, saltar, correr detrás del balón con cascabeles. Tanto había esperado el partido que no pude evitar la desesperanza cuando Jhonny me informó que no habría rivales.
Todos eran del mismo equipo, de la Asociación de Invidentes San Pablo de Manta, amigos entrenando para los Juegos Nacionales que se realizarían en Portoviejo, la capital manabita, del 28 al 30 de mayo en la Federación Deportiva de Manabí. Lo bueno es que lucían uniformes diferentes. Aproveché para pedirles que se pongan un nombre para poder distinguirlos. Los de azul marino acordaron llamarse Rompecachos, y los de blanco-celeste se autodenominaron Los Intocables.

Foto Diana Zavala

Pipo vive intensamente su momento a solas con el balón bullicioso.

A las 15:00 Jhonny, quien se convirtió en árbitro, dio el pitazo inicial.

– ¡Vamos televidentes!
Chic chic chic chic chic chic chic chic chic va diciendo el balón cuando patea Segundo (Rompechachos) y se pasa por medio de las piernas de Juan Pablo Holguín, del mismo equipo.
Pipo, de Los Intocables, logra quedarse a solas con la pelota, la empuja y escucha su canto, y chic chic chic chic chic se le va al córner. Agustín Vera hace el saque y la pelota no encuentra con quien flirtear. En la cancha se observan patadas a la ausencia que me recuerdan un clásico juego de piñata. María del Carmen Zavala, su guía, grita:
A la izquierda – a la derecha

B
a
j
a

e
b
u
S

Chic chic chic se acerca al Intocable Gonzalo Zamora y él, que la ha perseguido por toda la cancha con los pies y con la oreja, levanta la pierna y se le sale el zapato. Buscarlo es un suplicio, ¡maldito calzado mudo!
Al minuto 10 -¿por qué no se dice a los 10 minutos? – Jober Zamora, quien juega para Los Rompecachos (aunque en realidad es el capitán de todos), vence el arco custodiado por Enrique Zavala.
El grito de gol emociona a Margi Loor, madrina del equipo. Ella le pregunta a Suzety Intriago y a Rita Párraga- golpeando en el piso su bastón- ¿de quién, de quién? Mientras se enteran, Jober hace su segunda anotación. Su ceguera no es total, pero juega vendado para estar en igualdad de condiciones.
– Puedo ver lo que está cerca, cuando algo se aleja mi visión disminuye. Lo que hoy distingo dentro de un tiempo será una masa borrosa porque en mis ojos hay un mal progresivo. Se llama Retinitis Pigmentosa.

A Rita Párraga, promotora provincial del proyecto Desarrollo Cultural, Social, Económico de Equiparación de Derechos para Personas con Discapacidad Visual, la acompañan esa tarde sus hijas Alexis y Blanquita, ambas videntes. Blanquita nació blanquita y de ojos azules cuando Rita ya había perdido la vista a causa de la enfermedad identificada como stargate. Cuando empezó a caminar, Rita le compró zapatitos sonoros que le avisaban dónde andaba.

Fuera de la cancha, dos jóvenes observan en silencio las jugadas. Pasaban en una moto rumbo a casa y se quedaron de boca abierta. Uno de ellos, vestido de amarillo como la heroína de Kill Bill, confiesa:
– ¡Pensar que, a parte de dormir, besar es lo único que logro hacer con los ojos cerrados!

El calor seca las gargantas y los jugadores dejan la cancha, palpando el aire, para buscar agua. Sale Agustín de Los Intocables y entra Antonio Loor.
-Coger el balón es lo más difícil, una vez que lo tengo lo pateo con fuerza. Es complicado porque a veces no suena muy bien, comenta Agustín mientras se une momentáneamente al grupo de mujeres que viven en sus cabezas una versión propia del partido.

Unos vuelven a la cancha, otros piden cambio. Ya no sé qué está permitido y qué no. A los 28 minutos de juego por fin el pitazo, esta primera etapa termina 2-0 a favor de Los Rompecachos.

-Vamos muchachos a los penales-, grita Jhonny.
-¿Pero y el segundo tiempo?-
– Ya le dije que es sólo un entrenamiento. Además el sol hoy nos jugó en contra.

A Nelson Laurentino Zamora le corresponde atajar la pelota. Segundo García (de 54 años) mentaliza el disparo-patea y……..se desinfla la esférica. Consulto mi hojita que al respecto señala: “Si el balón se revienta, pierde el sonido o se daña en un momento en que no está en juego (saque inicial, saque de meta, saque de esquina, tiro libre, tiro penal o saque de banda ó doble penalti) el partido se reanudará conforme la regla”. No termino de leer y ya hay un balón a seis metros del arco esperando una patada. El guía golpea los postes del área de portería, en el lado izquierdo, lado derecho y en el travesaño de la parte central para que los jugadores visualicen el área a vencer.

Patea Juan Pablo, el balón ríe lejos de la portería
Patea Jober, anota de una
Patea Nery Vinueza, falla
Patea Pipo , golpea las manos del portero, rebota y se mete

-¿Hasta cuándo patean?, ¿por qué tantos penales? ya sé, ya sé, no me diga es un entrenamiento.
– Porque generalmente en los juegos nacionales los partidos se definen por tiros penales, aclara Jhonny mientras le da a Juan Pablo, de Los Rompecachos, una oportunidad para reivindicarse.

Gooooooooooooooooool

-¿Quién fue, quién fue?, pregunta Margi.

Todos penan y disfrutan frente al arco. Al final ganan los Rompecachos porque Los Intocables casi ni tocaron el fondo de la portería. Juan Pablo está contento, el fútbol siempre lo ha hecho feliz.
– Me gusta jugar del medio hacia adelante porque escucho al arquero contrario, así no me pierdo. Tengo 33 años, recuerdo mi niñez en baja visión, sin saber que existían balones especiales. Yo me las ingeniaba, destapaba pelotas y les metía bolichas para jugar con mis hermanos allá en las calles de San Mateo.

-¿Y a quién le dedicaste ese gol?
-A una chica del signo capricornio, susurra.
Margi, quien tiene el oído entrenado, sonríe.

Satisfechos los jugadores forman un trencito, la máquina es un bastón negro, blanco y rojo. Abandonan la cancha con la ilusión del Gran Partido. Luz María seguro espera a Pipo con una menestra.

La selección de Manta junto a sus entrenadores y el fotógrafo de Soho, Omar Sotomayor.

Crónica publicada, con el título Fútbol de Ciegos, en la revista SOHO (edición dedicada al mundial) junio-julio 2010.

Minuto adicional

La historia de Luz María y Pipo fue más allá de las menestras, el 22 de febrero, en el hospital Rafael Rodríguez Zambrano (Manta, ) nació el primogénito de esta pareja…se llama Ian.

Después de un reciente chequeo médico se supo que Ian sí ve (con los ojos).


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Acerca de dianazavalar

Escritora. Cronista freelance- editora. Autora de los libros de relatos Carne Tierna y otros Platos y Breve(r)dades. La Sofía es su librería personal abierta al trueque y a la venta. Fue reportera de los diarios ecuatorianos La Marea, reportera y editora de La Hora (regional Manabí) Ha colaborado con Mar Abierto, Mundo Hispano, SOHO - Ecuador, Mundo Diners, Buen Viaje.
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