El sacudón de nuestras vidas


A propósito de los sismos de anoche (sentí solo el de 4.7 con epicentro en Jipijapa), comparto un texto que escribí por solicitud  del Municipio de Manta para una memoria sobre el terremoto del 16 de abril de 2016, este no se publicó y se quedó por ahí en la previa de la papelera, ya está a destiempo- me dije. Y pues con el sacudón que nos trasnochó tengo que reconocer que no hemos sanado del todo, que el terremoto y sus terrores no han pasado, ya nunca más un temblor será un temblor.

Mi madre lo había dicho, una y otra vez, que los monos andaban aullando muy cerca. Pero no imaginé que se venía una tragedia. Mis padres viven en Membrillal,  un pueblo de Jipijapa.  Recuerdo que en mi tiempo escolar hubo un programa educativo para saber actuar en caso de sismos. Nos sacaban al patio y jugábamos con la terribola, una  pelota que tenía divisiones con franjas en relieve, cuando alguien la recibía tenía que reaccionar de acuerdo a lo que esa fracción le indicaba:   guarecerse debajo de un pupitre, ubicarse en el marco de la puerta. Es inolvidable la canción “y si la tierra tiembla nos debemos proteger”. Iniciaban los 90, entonces no se hablaba del triángulo de la vida.  En 1987 el Ecuador sufrió dos terremotos,  de magnitud  6.1 y 6.9,  que dejaron más de mil muertos.  En las publicaciones de la época se lee lo mismo que ahora: el país no está preparado para el desastre.

El 16 de abril de 2016, estando en la terminal de Portoviejo y a punto de subirme a un bus para Manta, ciudad en la que vivo, se me ocurrió ir a visitar a mis padres. Es normal en mí decidir un destino en minutos.  Al llegar a casa encontré a mamá preparando una variedad de platos típicos con choclo.  Con mi hermana mayor, que luego también cayó de sorpresa, le pedimos a papá la mejor mazorca de su cosecha. En el horno de leña del patio se lo ofrendamos al fuego para agradecer el alimento, la lluvia, la vida. Es algo que hacíamos por primera vez,  nació en ese instante,  nos conmovió la abundancia. El verdor era un milagro en esta tierra seca.  Luego fuimos a ver caer el sol entre las montañas y fue ese un atardecer de colores intensos. Algo que no sé explicar me llevó a cantar y a realizar el saludo al sol (asana -yoga), después postrada besé la tierra.  ¡Te sentimos tanto, pero no supimos leer tus señales Pachamama!

Descendimos con las primeras sombras y llegamos a casa cuando mis padres ya habían merendado. Nos sentamos ante el banquete que nos dejó mamá, había llevado apenas dos cucharadas a la boca cuando empezó a temblar. Por costumbre hice aquello que me fue introyectado en la infancia y que hasta entonces era la única capacitación recibida. Ahora sé que pararme en el marco de la puerta no es recomendable.  Mientras la tierra serpenteaba y de las paredes se desprendía un polvo blanco, lo que me sostuvo fue el fuego en el horno que veíamos con mi hermana desde nuestro errado sitio seguro.  Acompañé esos 48 segundos de larga duración con el mismo canto del atardecer: bendecid Pachamama, bendecid madre tierra.

Metida en el pueblo, sin luz, sin internet, sin carga en el teléfono, nunca pensé que el horror se había tomado Manabí y Esmeraldas. Al amanecer emprendí un viaje a dedo hasta Manta en busca de mis hermanos y mi perro, en el camino me repetían: A qué va, si esa ciudad ya se perdió. Fue en Montecristi donde empecé a tomar consciencia de lo que se venía, la basílica estaba sin la torre. Al llegar a Manta crucé a pie Tarqui y hasta ahora me siento incapaz de describir el impacto que me produjo ver la destrucción de lo que horas antes era el corazón comercial de la ciudad, saber que debajo de todos esos escombros había personas.

Por el sector de la terminal un hombre me dijo que gracias a Dios no perdió ni casa, ni familia, le pedí  de favor que aligere en su bicicleta mi carga,  unos metros más allá desapareció con el agua, el sleeping y la comida que traía para mis hermanos que habían pasado la noche en un parque. Le esperé en vano junto a la iglesia La Dolorosa con la convicción de que regresaría, negándome a creer que me había robado. Al frente, los rescatistas luchaban por sacar vivos a los que estaban bajo lo que horas antes fue una casa de cinco pisos.  En todo el barrio se escuchaba que era como si les hubiera  caído otro avión. El templo tenía escombros, la misa se realizó afuera, el repiqueteo de las labores de rescate se fundía con un cántico: “Dolorosa de pie junto a la cruz, tú conoces nuestras penas, penas de un pueblo que sufre. Dolorosa salva al Ecuador”.

El segundo lugar al que corrí a mirar, después del departamento que rentamos,  fue el Maac Cine. Con cuánta ilusión había esperado abril para su reapertura. Triste destino el de la cultura en Manta, una vez vencido el vendaval burocrático que lo cerró, la madre naturaleza dijo no se abre.  Y se llevó además al teatro de esta ciudad, que también fue mi casa.

Al tercer día del terremoto, volví a la playa. Yo no podía estar sin el mar que me ha lavado el alma en cada una de mis catástrofes.  ¿Dónde estaban los que madrugan?,      ¿los que bailan?, ¿los caminantes? El Murciélago se había quedado solo. En la vastedad de la playa éramos tres, sin ser amigos, nos dio alegría sabernos vivos.

El terremoto me hizo pensar que  en Manta quería estar, que es mi ciudad y que aunque la veas devastada no te quieres ir. Es la tierra que me recibió a los 16 años cuando llegué del campo, en la que estudié la universidad, me vinculé al teatro y me hice periodista, la Manta de las letras de Hugo Mayo, la de Pedro Gil, la de mis cuentos. Frente a los escombros y los sitios vacíos he pensado ¿Cuál es la Manta que narraremos para la memoria? ¿Cómo es la ciudad que cocrearemos con el verbo y las manos?

Aquellos días de abril me recuerdan la fragilidad, el sacudón de la consciencia: “vendrá la muerte y tendrá tus ojos” (Pavese). Y en ese golpe que fue como el de los Heraldos Negros, yo no sé, llegó la contraparte del poderoso amor que nos tocó a marea alta. No he dejado de preguntarme ¿para qué estoy viva? Entre esas 671 vidas truncadas seguro había mejores personas que yo.  El terremoto nos quitó la tranquilidad y ojalá la pasividad. Que nunca se nos olvide la tierra que pisamos y que al final aquello que importa es lo que abrazamos felices cuando dejó de temblar.

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Hugo Mayo: el encuentro con un poeta inoxidable en la casa de los peces


Por Freddy Ayala Plazarte

Freddy Ayala Plazarte

Cuando el cuerpo desaparece empieza a tejerse el nombre de quien fue, es decir, comienza el mito, ahí, los detalles, escritos, fotos, o fracciones del autor, por más mínimos que sean, cuentan como evidencias fundamentales para realzar su imagen. Temo que aún vivimos en un mundo hecho para los ausentes, y para glorificar lo que ya no está, temo que esta sociedad espera que llegue la ausencia eterna para eternizarse, por un instante, en un recuerdo. Hugo Mayo es o, más bien, debería ser una constante memoria poética, de lo que ha sido “el hombre siglo”, como él lo decía.
No nací en Manta, ni he ido a una oficina de espectáculos para conocer a este señor, considerado irónicamente “empleado del verso público”, cuando trabajaba en Guayaquil. Ni siquiera en la secundaria, cuando recibía algo de literatura ecuatoriana, escuché su nombre. He conocido a Hugo Mayo atemporalmente, mi relación con este poeta es un asunto, exclusivamente, poético, cuando un escritor ecuatoriano, hace más de 10 años, me recomendó que lo lea, porque consideraba que, quizás al hacerlo, podría encontrar más sentidos creativos para mi escritura. Busqué sus poemas en la Internet y, posteriormente, conseguí un par de sus obras. Al leerlo e investigarlo, me di cuenta de la importancia de este escritor; importante por toda la relevancia en la vanguardia latinoamericana y sus conexiones con la vanguardia europea, de inicios del siglo XX. Los poemas que más me llamaron la atención me parecieron místicos, cósmicos, futuristas, falciformes, y sobre todo, inoxidables. Recuerdo un verso suyo; uno que lo repito en mis clases de la Universidad, porque considero que es una forma de entrar en el pensamiento y el sentido del lenguaje, el cual dice: “I alguien escribió el abecedario de los puntos suspensivos en la herida del viento infinito”.
También recuerdo que, alguna vez, un escritor (ecuatoriano), me dijo: «ya sabes Freddy, Hugo Mayo, está muerto», aduciendo que, en muchas ocasiones, me había declarado un ferviente defensor y admirador de la obra del poeta mantense, y que por leer esta poesía hermética, uno termina escribiendo sin claridad. ¿Acaso aún vivimos en un país de celos intelectuales y provincianismo culturales?, lo que nos ha impedido proyectarnos hacia otras latitudes. ¿Cuál es el problema con el hermetismo de la escritura? De ser así, Mayo, no habría sido prologado por Borges, y ni el mismo André Bretón, líder del surrealismo, le habría mantenido correspondencia, y mucho menos, el pensador socialista del indigenismo, José Carlos Mariátegui, le habría declarado representante de su revista Amauta. A más de esto debo decir, que no en vano Hugo Mayo era un contestatario del “vigente romanticismo dieciochesco” de su época, su rebeldía estaba dotada de un lenguaje poético metafísico, sabio viejo, “Nino Amonalik, dibujante de cosas raras”, replegado a su natal océano, que mantuvo distancia hasta con la escritura de su hermano, el poeta José María Egas.
La obra de Mayo, ha sobrepasado las fronteras de nuestro país, como ya lo hizo en su mismo tiempo, pero, curiosamente, sus obras se han publicado por vías institucionales en Quito, Guayaquil, y un estudio en Cuenca, y me pregunto, ¿qué ha pasado en Manta? ¿Por qué no se ha publicado su obra en la casa de los peces? Su ciudad natal, su cuna, a la cual saludaba de pie. A un poeta trascendente no se le puede dejar tanto tiempo en el olvido, casi 30 años de su muerte, se lo debería convertir en un símbolo, si me permiten decirlo, de la manteñidad, y de la identidad cultural, literaria, de Manabí. Nada mejor para las nuevas generaciones que leer a un poeta local, reconocido internacionalmente, en su tiempo. Su aporte a las letras ecuatorianas es auténtico e indiscutible, y por ello se le considera el primer vanguardista.

 

Freddy Ayala y los conocidos de Mayo

Varinia Andrade, Stalin Valdiviezo, Gustavo Cañizares conocieron en persona a Hugo Mayo. Freddy Ayala Plazarte ha estudiado su obra y se ha preocupado por difundirla.

Con el tiempo, voluntariamente, me convertí en un defensor y difusor de su obra. En los viajes, a quienes me han preguntado sobre el autor, he recurrido al boca a boca, a la oralidad; sin los suficientes recursos es imposible poder hacerles llegar los estudios realizados. Ya en Argentina he sabido que leen y piden su obra, lo mismo España, me sucedió en Madrid, y particularmente, en Zaragoza, están próximos a publicar en una revista algunos poemas suyos y un ensayo. Tal vez estas sean buenas noticias para ustedes, ahora saben que su poesía está vigente, y que este homenaje puede ser el puntapié de reposicionar su memoria poética en su ciudad natal.
Mi gratitud y saludo a todos los organizadores del Papagayo K, quienes me han invitado con la mejor predisposición a celebrar a Hugo Mayo. Hace muchos años había venido a Manta a un evento literario, y lo primero que hice fue buscar el mar, para imaginar uno de sus poemas, y tratar de sentir esa atmósfera que envuelven su escritura. Lo que no sabía era que algún momento se iban a juntar esas distancias y esas lejanías, solo la poesía abre estos caminos. Manta se ha levantado vigorosamente de un terremoto, ahora debe levantar la memoria de uno de sus grandes hijos poetas.

Texto leído en la inauguración del Papagayo K en el Pasaje de los Hermanos Egas Miranda – Manta 25 de octubre de 2017.

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Papagayo K, el encuentro con Hugo Mayo


afiche general Papagayo K

Ya he hablado antes de Hugo Mayo, el vanguardista nacido en Manta, que se vinculó a movimientos que dejaron huella en la literatura, que su poesía fue valorada por grandes como Bretón, y que en el país fue incomprendido, marginado y hasta tildado de loco.
Esta vez les traigo una buena nueva, y es a la vez una invitación. Con amigos del colectivo  literario ClanDestino, Tinta Ácida Editores, y el movimiento Recuperemos Manta hemos preparado el Encuentro Literario Papagayo K, evento que rinde tributo a Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas) y que reúne a destacadas plumas del país y de la escena local. En esta iniciativa también participan otros actores culturales de la ciudad.
Papagayo K se desarrollará del 25 al 27 de octubre en diferentes escenarios. La inauguración será a las 19:00, en el pasaje José María Egas (me gusta llamarlo de los Hermanos Egas para no perpetuar el olvido a Mayo). Habrá una instalación con versos del vanguardista y se teatralizarán algunos de sus poemas, entre ellos Sepelio del Papagayo K, que da el nombre al encuentro literario.
Varios de los invitados son Silvia Stornaiolo, María Auxiliadora Balladares, Jorge Martillo, Gaby Ruiz, Carlos Vallejo, entre otros. Habrá presentaciones de libros, conversatorios, recitales, fiestas.
Los eventos serán abiertos al público. Para apoyarnos en esta iniciativa independiente, pero sobre todo para que conozcas la obra de Hugo Mayo, puedes adquirir un cuadernillo con poemas de nuestro autor homenajeado, este se lanzará la noche de la inauguración. La programación completa, los datos de nuestros invitados, colaboradores y más detalles los encuentras en la fan page del evento, dale like, sigue, comparte con el hashtag #PapagayoK.

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La ruina del vientre sacudido


Como ven, de a poco estoy regresando al blog.  En este intento de ponerme al día incluiré textos que no son tan nuevos,  pero que ningún pero de tiempo impedirá compartir.  El que sigue lo leí en la presentación del libro del poeta manaba Alexis Cuzme, quien es además periodista, editor y bloguero. La ruina del vientre sacudido salió de los escombros que dejó el terremoto el 16 de abril de 2016, y que difícilmente olvidaremos.

Presentando La ruina del vientre sacudido. Foto de Isaac Vélez. Tomada de Ciudad Hecatombe.

“Los pies en la tierra”

decimos para alabar la cordura,

el sentido de la realidad.

Y de repente

el suelo se echa a andar,

no hay amparo:

todo lo que era firme se viene abajo”.

José Emilio Pacheco.

Ese venirse abajo, ese perder el piso que te sostiene, es lo que nos desquicia, lo que nos hace conscientes de que nada es seguro, ni el suelo que pisas. Y se hace la tiniebla. Es cuando la voz lírica, cito, “parte y regresa a la demencia negra”.

“Entiéndeme oscuridad,

En ti perdura un tiempo detenido.

En ti la hora se derritió

En ti yazco perdido de mí mismo”.

La oscuridad, es la tabla y el telón de fondo de cada puesta en escena del verbo de Alexis Cuzme, y lo digo con la certeza de quien ha compartido jornadas desde el pregrado, la pasantía, el trabajo editorial, y el postgrado. Aquí la oscuridad vuelve una y otra vez en sus múltiples significantes, es el ave hermosa que picotea desde las 18:58. Entumecido en ella es donde el personaje que ha descendido saborea la vida, es donde se vuelve un latido furioso, donde inventa realidades, diciéndose que cambiará, queriendo mutar en gusano fosforescente. Es allí donde florece la ruina del vientre sacudido.

En los versos de Alexis Cuzme reconozco fragmentos de historias que leí en los periódicos, que vi en la televisión, que recogí en mi trabajo como cronista freelance. La voz lírica las hace suyas, no es el espectador, no es el lector, es su pellejo bajo la losa, es su lengua la que siente, cito: “toda la sed retenida de mis años”, es quien bebe su propia descomposición.

Un ser insoportablemente despierto, en un sepulcro de cemento, nos habla. Allí su identidad se pierde, lo que hay es lo que él llama un revoltijo de nombres. Su nombre es Auxilio ¿Cuántos auxilios gritaron en la noche aquella? Logra transmitir su angustia en ese grito que muere falto de aire, de fuerzas. El ritmo del poema es el ritmo de la desesperación. Es descarga y es pausa.

a-u-x-i-l-i-o

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a-u-x-i-l

a-u-x-i-

a-u-x

a-u

a

“No hinques mis ojos, niño de sangre y lodo

Entrégate a un rincón y juega con tus delirios”

Me detengo en este verso y siento la aproximación de esos dedos, mi cuerpo y mi alma estremecidos imaginan que, en la negrura, lo último que viste niño fueron los ojos de un superhéroe, quizá los luminosos del murciélago, alguien que te cubrió con la capa de la fantasía y con el que hiciste el gran escape. Perdón, ¡cuán insoportable es la realidad! Grondin dice que “en toda interpretación es la concepción de nosotros mismos lo que se encuentra enriquecido”. Y cuando Alexis Cuzme declara que este trabajo es una purga interna y personal, que le sirvió para purgar todo el horror consumido, pues no queda más que reconocer que en la lectura, relectura y en la presentación que hago en este momento, está mi purga. Y no solo del terremoto de 7.8 grados, sino de cada catástrofe que me ha sobrevenido, y que el sismo del 16 de abril no ha hecho más que mostrar la fragilidad, las falsas bases, los pilares debilitados.

“Soy

el

escombro

que

no

quiere

reconocerse

el pedazo que no volverá

a amarse”

Las isotopías de este poema son la oscuridad, la muerte y la desolación. Hay imágenes que no me puedo sacar de la mente. Escucho ese timbre que sigue oprimido por un dedo sin dueño. Preguntas que se clavan ¿Cuántas posiciones ensaya la muerte?, la muerte que huele a diluyente, la que pasó de largo ante un hombre que tres décadas después recordó una técnica de yoga.

La-ruina-del-vientre-sacudido-PORTADA

En la ruina del vientre sacudido asisto a la contemplación (cito) “de los bloques lloriqueantes: lágrimas de cemento y hierro”. Solo en la poesía se es capaz de un encuentro con la sustancia. En una entrevista, Lezama Lima declaró “Yo creo que la maravilla del poema es que llega a crear un cuerpo, una sustancia resistente enclavada entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis”.

La literatura sobre catástrofes es necesaria, y así ha sido desde siempre (una gran muestra está en las tragedias naturales bíblicas). Autores como Ovidio, Voltaire, Gaspar de Villarroel, William James, Goethe y tantos otros plasmaron en sus obras sobre la devastación que provocan los terremotos. El poeta y ensayista japonés Kamo no Chomei escribió sobre el potente sismo de 1185: “Si los hombres hubieran sido dragones se habrían subido a las nubes, pero no habrían tenido las alas para encumbrarse a los cielos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que los terremotos son la más terrible de las cosas terribles”.

Cuando se cumplieron 31 años del sismo de 8.1 grados que devastó la ciudad de México (del 19 de septiembre de 1985), se publicó en el diario Excelsior un artículo de Virginia Bautista, en el que se analiza que la Literatura tiene una deuda pendiente con ese suceso en la vida del país. La memoria existente está en abundancia en el periodismo, en la fotografía, y fue radical para la transformación de las artes visuales.

Paz, Pacheco y Monsiváis hicieron literatura sobre el terremoto. “Sólo contamos con un par de poemas, un ensayo y media docena de cuentos, básicamente, sobre esta tragedia natural. “El terremoto es la terrible presencia de la ausencia en nuestras letras”, sentencia Ignacio Padilla.

Que eso no nos pase en Ecuador, que eso no nos pase en Manabí. Gracias Alexis Cuzme por este aporte a la memoria.

 

(Texto leído el jueves 27 de abril, en el Museo Etnográfico Cancebí en Manta)

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Trayendo de vuelta a Hugo Mayo


 

20170605_194154.jpgVivo en Manta – Ecuador, un puerto del que quizá, amigo del mundo, escuchaste hablar alguna vez porque el mejor atún se procesa acá, o porque fue esta una de las ciudades afectadas por el terremoto del 16 de abril del año pasado. En fin. Hay algo más por lo que Manta debería estar en el mapa. Fue aquí, en esta tierra, en donde nació el vanguardista Hugo Mayo (Miguel Augusto Egas). El olvido generalizado de este grande me ha dado material para escribir. Ya en otros post cuento sobre eso, por ejemplo, su monumento ubicado en el pasaje que lleva el nombre de su hermano, el poeta José María Egas,  no tiene una placa que lo identifique, y así pues nuestro Mayo sigue anónimo en casa.

El lunes en una pared de la calle 15, sector del redondel del monumento lata,  logramos traerlo de vuelta.  Perdón, lo pintaron los muchachos  de SEF-ART.  Por mi cuenta fue una manita de gato para fondear y la idea de que se incluya a Hugo Mayo en la movida de Recuperemos Manta. Agradezco a Yuliana Marcillo que acogió la sugerencia y se movió con la logística.

Y ya que dimos ese primer paso, libero por aquí una sugerencia que ojalá sume el apoyo de quienes la habitamos, y las autoridades, claro. Propongo que el 24 de noviembre, fecha del natalicio de Hugo Mayo (bien clarito dijo que Miguel Augusto no escribió nada) se lo instaure como el día para traerlo de vuelta, en las formas tradicionales y creativas posibles. Sí, traer a Mayo, al que se carteó con Borges, ese que le torció el cuello al cisne de engañoso plumaje, a ese hombre que le declaró su amor a Manta en más de un poema,  cierro este post con un fragmento de uno que me parece memorable:

¡Manta mi ciudad y mi cuna

te saludo de pie, enardecido

buscándote en la noche de tu origen!

Aquí tu hijo que un día se alejó,

Igual a muchos,  sin decirte palabra,

trayendo el corazón para estrellarlo,

y poniendo un beso de amor sobre tu suelo

¡Suelo en el que hice bailar cuando era niño

un muñeco de felpa y un trompo de hojalata!

 

 

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A mí también me estafó Open English


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Sé que lo que voy a contar no es nada nuevo en la web, y ¡cómo me pesa no haber dedicado tiempo a buscar información y a leer los blogs en donde advierten sobre la estafa que significa entrar en el juego de Open English!  Escribo desde Manabí, Ecuador y a quien quiera puedo ofrecerle pruebas de lo que digo.

Resulta que el año pasado me gradué de la maestría y pues consciente de que necesito o necesito el inglés para el doctorado (en caso de que encuentre las ganas de meterme a eso), decidí hacer un nuevo intento en mi vida con el inglés. Pero como por cuestiones laborales no podía salir del país para vivir el idioma, que es sin dudar la mejor opción, ni disponer de tiempo para ir a una escuela presencial,  me dejé llevar por la publicidad de que con Open English tienes un maestro las 24 horas del día, y como soy insomne, me caía de maravillas. A esto se suma de que había una OFERTA, sí una inmejorable del 60 % de descuento…

Y ahí estaba yo, rogándole a mi amiga con tarjeta de crédito para que me la preste, “mira ñañita que son $664 “, y cómo nunca le he quedado mal, ni a ella ni a nadie, accedió. Opté por contratar un curso por un año, justo en junio del año pasado.  Todo el trámite se llevó a cabo por teléfono, me preguntaron si quería tener opción al maestro a tiempo completo, y claro, naturalmente, por eso es que he escogido Open English… y listo.

Cuando llegó el estado de cuenta, resulta que el débito era de casi mil dólares, es que comprenderá que es una transacción internacional. Y al mes  mi amiga me llamó alarmada preguntando si yo había hecho uso de los datos de la tarjeta que ella me había confiado, para hacer alguna otra compra, sin avisarle.  Le respondí que hasta la pregunta ofendía, que yo no soy así. Pero ella tenía razón, se debitaron más de $100 y en el asunto estaba metido nada más y nada menos que Open English.  Llamé para hacer el reclamo respectivo, y me indicaron es que usted dijo que quería tener acceso al maestro a tiempo completo, lo tenemos grabado. Pero es que ese es el servicio que ustedes ofertan por televisión, por redes sociales, y hasta en las llamadas que hacen para seducirte-acosarte. Y nunca dejan claro que ese es un servicio opcional y que se cobra mes a mes.  Pues quién le pararía bola a Open English así, todos sabemos que lo que engancha es saber que tienes un maestro ahí al alcance de un clic.

Exigí que me devuelvan el dinero, dije que los iba a denunciar, me llamaron para ofrecerme una compensación, que me darían acceso a una cosa súper especial,  un plan de clases y sus herramientas, algo que no tienen los otros estudiantes. Y pues…como andaba zen, ilusionada y cayendo en la red de otras estafas (más profundas, ya les contaré), dije vamos a darles otra oportunidad. Y lo que llegó a mi correo fue un escueto pensum en donde ningún enlace funcionaba, algo así como cuando usted abre un link de una universidad que oferta un curso de algo y le dicen en el primer módulo se verá esto y esto y esto y punto.

No les alargaré el cuento, ¡maldita sea no es cuento! Mi amiga tuvo que anular la tarjeta de crédito porque Open English renova servicio, succiona la tarjeta sin previo aviso, sin autorización, porque dizque todo eso uno acepta cuando te llaman para ofertarte el curso.  Ya que el daño (asalto) estaba hecho decidí hacer uso de lo que tenía a mano, y no. Las clases grupales son un tedio, las otras herramientas son bonitas a primera vista, pero te machacarán una y otra vez con lo que ya has visto desde la escuela, colegio y universidad… Y ahí, en un lado de la pantalla verás, como si se burlaran de ti, un anuncio que dice: “Felicitaciones, !has utilizado todas tus clases privadas disponibles en este momento!”

 

 

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IESS y el el juicio de las muelas


IESS.jpg

Escribo enojada hasta las muelas, como asumo debería estar todo ecuatoriano, hasta el más zen, por todo la podredumbre pública de los que un día se cobijaron bajo el slogan de las manos limpias…y ya saben el resto. Pero no hablaré del caso Odebrecht, hablaré de un proceso tan kafkiano como el de conseguir librarse de las muelas del juicio en nuestro sistema de salud.

Trataré de resumir, pues sé que cualquiera que ha pisado un hospital público sabe de estas penurias.  Resulta que en el 2015 me salieron los terceros molares, y pues cuando estaba en pleno dolor empecé a tramitar un turno en el IESS, turno que no llegó hasta tres meses después (cuando ya me había atendido con un médico particular y las molestias mayores habían pasado).  Igual separé la cita consciente de que debía someterme a una cirugía, y ya sería el colmo pagar por ella cuando me descuentan mes  a mes $138, 77, y lo máximo que se recibe en medicinas cuando uno enferma, por lo general, es paracetamol y suero oral.

En el hospital del IESS de Portoviejo me indicaron que no había cirujano y que por tanto me transferían al Hospital General Rafael Rodríguez Zambrano, de Manta. Conseguir que agende la cirugía en este último hospital tomó otras semanas más. Tocó hacerme exámenes en laboratorios particulares porque dijeron que no había cómo hacerlo en el Rodríguez Zambrano.  Llegó el día de la cirugía, al ingresar al hospital vi que todo estaba paralizado, justo ese día se realizó un simulacro en la casa de salud, y pues chao cirugía.  Aunque tenían mis datos, nadie llamó a avisar que se había suspendido la intervención, que había que reprogramar, y menos pedir disculpas, eso no existe.  Confieso que ya no tenía paciencia, ni permiso en mi lugar de trabajo, para perder más días en el reinicio del proceso para conseguir una cirugía.

Este año las muelas me han recordado que este no es un juicio que pueda quedar pendiente, así que volví en mayo. La odontóloga me dijo que efectivamente las piezas deben ser extraídas, pero que la cirujana renunció, que vuelva en junio. El 1 de junio fui y me dijeron que seguían sin cirujano, que si quería, podían transferirme a otro hospital , que vuelva al día siguiente. El 2  me dieron una hoja de referencia y me indicaron que fuera a INFORMACIÓN  a pedir un turno para TRANSFERENCIA. En INFORMACIÓN indicaron que como ya eran más de las diez de la mañana debía regresar el lunes 5 de junio. Hoy fui, después de hacer una gran cola, logré que a las 8:28 me dieran un turno, obtuve el 92. La atención es tan lenta que llegué a la ventanilla a las 12:09 y saben qué…el funcionario ingresó unos datos de la hoja de referencia y me dijo: Vuelva el miércoles, de 10:00 a 15:00. Y si le pides un certificado para entregar en tu lugar de trabajo y justificar así la ausencia de toda una mañana,te dicen que no, que eso solo es cuando recibes atención médica.  Lo rescatable del día es que llevé una novela, El daño no es de ayer, de Ignacio Padilla.  Y pues doy fe de que en la espera de un turno se alcanza a leer un libro completo, este tiene 220 páginas.

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Les presento a La Sofía


 

lectoraEstimados amigos, hace mucho que no entraba al blog, llegó un momento en que me abrumó la avalancha de información que hay en internet, tanta distracción que impide atender cosas realmente importantes, informarnos sobre cuestiones que afectan nuestra vida,  que cambian el entorno en el que habitamos (en micro y macro) y que son tan drásticas como un terremoto, que entonces pensé que no postear era quizá mi mejor contribución. Lo mismo me ha pasado con las fotografías,  me abstengo de disparar por disparar.  Disculpen, muchas veces a la claridad periodística se impone mi herencia campesina.  Todo esto “para más de contar” que he abierto un no lugar para la venta, préstamo y trueque de libros ya disfrutados (suena mejor que usados), se llama La Sofía.

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Quizá porque en mi infancia no tuve acceso a muchos libros- mi pasión empezó en uno de primeros auxilios– que aun en mis peores momentos económicos no dejaron de llegar libros a casa; soy de las que sale por comida y regresa con una novela, una antología poética o de relatos, y los abrazo y palpito como la niña de Felicidad Clandestina, cuento de mi amada Clarice Lispector.

Siempre me he quejado de que Manta no tiene librerías, ni muchos espacios culturales, después del terremoto quedamos más lata de atún, sin MAAC Cine, sin el teatro Chushig; hacerles el recuento de la tragedia manabita me tomaría todo el post, y ese tema merece un tratamiento aparte y profundo.  Ahora prefiero enfocarme en lo que puedo aportar desde mis limitaciones, que son de financiamiento para alquiler de un local o adecuación de una carpa, carreta, en la que se puedan exhibir los libros. Así que La Sofía es un no lugar, he abierto una página en Facebook en la que iré, en la medida de mi tiempo, posteando algunos libros ya liberados del apego (y en vez de hasta agotar stock, diré:aproveche antes que me arrepienta), pero no son los únicos disponibles,  los amigos pueden escribir para preguntar si dispongo de alguno y si acepto trueque.

Mi propósito mayor es que la falta de librerías no sea una sentencia para quedarnos inactivos, aceptando que Ecuador es un país que lee medio libro al año y que Manabí, pues menos.  Me gustaría que como ciudadanos defendamos los espacios públicos, que logremos que en los planes de regeneración se piense en el componente espiritual, ese que bebe de las artes,  que Manta se levante también leyendo, que el alma de acero de Portoviejo sea flexible a estas propuestas, que todos los apasionados por la lectura nos organicemos y que hagamos ferias de libros de segunda mano, círculos de lectura por purísimo placer. Quedan todos invitados, sean todos bienvenidos.

 

 

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La catástrofe anunciada en La TV


Tsunami (2)
Este no es un post más de los que se dedican a odiar a Freddy Ehlers. Solo traigo un recuerdo que he comentado con mi familia, y más de uno hizo memoria de ese programa de La Televisión (porque ciertamente fue alarmante), del 2 de enero de 2005,  en el que se trató, con poco tino, sobre el riesgo de un tsunami a consecuencia de un terremoto cuyo epicentro sería  las costas de Esmeraldas y Manabí (como se juzgan ahora las cosas eso pudo llevar al cierre de un canal, pero es otro tiempo y es otra la historia que quiero contar).
En aquel  programa se difundió la predicción del científico Stuart Nishenko, quien realizó un estudio en esta región. “Nishenko basó su hipótesis a la premisa de que los desastres son cíclicos y se repiten cada 100 años. En el entorno de Jama y Pedernales, entre las costas manabitas y esmeraldeñas, un terremoto de 8.8 grados Richter provocó un tsunami, en 1906. Este sismo fue considerado el cuarto peor en la historia del mundo, ahora es el quinto luego de la tragedia en el sudeste asiático, del 26 de diciembre pasado [Indonesia, 2004]” (La Hora, 2005).  Ese especial desató la ira de las autoridades locales que acusaron a Ehlers de hacer campaña en contra de Manabí, a pocos días de un feriado de Carnaval.
En artículos como el de El Universo, 23 de enero de 2005, se cuestiona la irresponsabilidad con que se trató esta información y que generó el pánico en las poblaciones aludidas; <<…lo que los pobladores de Jama sienten ahora mismo sobre su situación de riesgo, no lo sentirían de no ser porque vieron ‘La TV’. De modo que Freddy Ehlers, si quiere comprender lo que está pasando en Jama, debería centrar su atención en sus propios mensajes. Antes del 2 de enero, día de su primer reportaje, ninguna niña de ese pueblo habría dicho “va a haber un terremoto aquí”.
‘De eso mismo se trata’, argumentarían aquellos que defienden la coartada de la prevención. En palabras de Ehlers: “lo importante es que se preocupe y tenga alerta la gente”. He aquí la principal falacia de esta telenovela. Antes del 2 de enero, los habitantes de nuestros pueblos costeros ya eran conscientes de los peligros que implica vivir frente al mar en una zona de alta actividad sísmica. Lo del cinturón de fuego del Pacífico lo sabíamos todos>> . Leo y releo estas últimas líneas y son como una bofetada, no puedo evitar llorar de indignación, de rabia, de dolor. El terremoto de 7.8 que sufrió Ecuador, el 16 de abril,  no generó  tsunami porque el epicentro fue en tierra (y sí, entre Manabí y Esmeraldas). ¿Será que ahora sí somos conscientes?
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Estoy bien, su significado tras el terremoto


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Centro de Manta

 

El terremoto de 7.8 grados que ha devastado a varios lugares de Ecuador ha resignificado la expresión “estoy bien”. Ahora mismo que consigo un poco de carga trato de responder  a quienes me han escrito preguntando por mi situación (con mucha gratitud), y eso es lo que digo, que estoy bien, uno se siente como tocado por alguna gracia, y aunque falte agua, luz, telefonía, internet, aunque no se coma como se acostumbra, no hay forma de expresar lo contrario. No cuando tu familia está completa, cuando de tus amigos no te faltan ni los perros, cuando no has perdido casa y negocio. Sales por tu barrio y en un edificio hay personas atrapadas, niños que ese sábado 16 de abril fueron a una matiné, gente que no tiene más que ese pedazo de calle rajada. Y ya nada es ni será igual.

“Estoy bien, bueno, ya sabes…”, así  son las conversaciones con los sobrevivientes, porque todos de algún modo lo somos.

Estoy bien habla de lo esencial, del soplo vital. De pronto muchos amanecimos con más de lo que teníamos antes, conciencia. De pronto nos alegramos por ese amigo que antes no le parábamos bola, de pronto las redes sociales sirven para unirnos, para pedir ayuda, para la solidaridad, para abrazarnos, para recibir el poderoso amor de la familia humana.

Estoy bien, y ese estar bien tiene como antagonista a la muerte y sus mil tentáculos.  Eladia Blasquez escribió una hermosa canción que habla de honrar la vida. Sus versos me retumban.

“Merecer la vida es erguirse vertical
más allá del mal, de las caídas…
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad
la bienvenida.
Eso de durar y transcurrir
no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir
honrar la vida.”

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